¿Y tú qué dices, corazón?

25.3.18


El corazón es un poeta que recita tic-tac-tic-tac,
si deja de recitar y se calla, te mueres.
Gloria Fuertes


Ha pasado mes y medio desde que escribí por última vez. Mes y medio que he estado confusa, asustada, perdida y cabreada. En la última entrada decía que esto permanecería vivo mientras siguiera encontrándole el sentido. Creo que el sentido lo perdió hace más de un año y, desde entonces, vamos un poco a trompicones. A veces tengo ganas de empezar de cero, de no seguir alargando lo inevitable, de dejar de intentar sacar a flote algo que hace tiempo que siento que está hundido. Sin embargo, hace días que tenía ganas de sentarme a escribir, de sacar de dentro todo lo que he ido acumulando los últimos meses. De poner palabras a lo que he sentido. A ese miedo que hoy está adormecido, pero que hace dos meses me hizo meterme en mi caparazón. Ese miedo que llega sin esperarlo, cuando te dicen que tu corazón no está funcionando bien. Hoy, recuerdo mi mano sujetando la cita para el cardiólogo como si lo hubiera soñado. Recuerdo los escalones del centro de salud que veía borrosos y el camino hasta casa que parecía no terminar nunca. Recuerdo los lametones de Luca, el viento y el frío. Recuerdo el abrazo de Mr. Brandon y las lágrimas. Recuerdo mirar mis zapatillas de correr con pena y pensar qué narices iba a hacer con el montón de mallas de colores y camisetas fosforitas que un día había usado y ocupaban dos cajones del armario. Pensé tantas cosas, la mayoría absurdas, que sólo hicieron que acrecentar mi pena. Ponerse en lo peor era lo fácil. Fue una tarde que pareció eterna y después llego la calma, una calma que no conocía y que me ha acompañado desde principios de febrero. ¿Resignación? Quizá. Pero la verdad es que siento que algo en ese momento cambió, algo dentro de mí hizo click, un click que necesitaba. Un click que me ha hecho bien.

Dentro de esa calma de la que os hablaba empecé a leer mucho, como en aquellas temporadas de antaño en las que necesitaba desconectar y me perdía entre las páginas de cualquier libro que cayera en mis manos. Así leí en febrero, sin orden, sin listas, sin nada que no fuera simplemente evadirme. Volvió mi vena de lectora kamikaze, pero duró poco. Al final siempre vuelvo a esas lecturas que me hacen sentir algo, que me enseñan y/o me hacen pensar. Y Mejor la ausencia de Edurne Portela me dio todo eso en febrero. Y me gustó, sentí que sería bonito destacar cada mes un libro, solo uno. Y así llegar a diciembre y tener doce libros que me hubieran acompañado durante el año, que hubieran formado parte de momentos de mi vida, de sensaciones, de viajes. Igual que mis listas de canciones. Libros para el tiempo y la distancia.

Escribo esta entrada escuchando una de esas canciones tan mías, una que escuchaba hace diez años (quizá más) y me encantaba. Una canción que hoy tiene un significado distinto, pero que siento más mía que nunca. Al lado del portátil tengo El cuento de la criada de Margaret Atwood y Biografía del hambre de Amélie Nothomb. Es domingo, huele a primavera. Cuento los días para volver a casa, a aquella habitación en la que escuchaba Corazón, y la voz de Kutxi Romero acompañando a Carlos Chaouen me ponía los pelos de punta. Te cambio los miedos por unos bocados. Me sigue poniendo los pelos de punta. Hay cosas que por muchos años que pasen, afortunadamente, no cambian.


*Mi corazón, después de varias pruebas, sabemos que está bien, viviendo a todo trapo, pero bien. Y a mi solo me queda aprender a calmarlo, mientras lo cuido y lo mimo.

2 comentarios

  1. Un libro me enseñó esta frase (intuyo que, en algún momento, acabará tatuada en mi brazo derecho): Buen corazón quebranta mala ventura.
    Yo espero que contigo se cumpla, Mónica. Que se vayan los miedos. Y que ese corazón tuyo siga latiendo por lo importante.
    Un beso.

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  2. Me alegra muchísimo el último párrafo de tu entrada. Eso es lo más importante. También entiendo el acojone previo. A cuidarlo mucho y mimarlo, como muy bien dices.
    Y a trompicones, si, pero al final apetece ponerse frente al ordenador y escribir. Para mi, ya tiene sentido.
    Besazo grande.

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