Head up, love

Hoy hace un año que hice las maletas para marcharme de casa. Un año desde que me despedí de mi gente, desde que mi abuelo me dejó con un maletón de doce kilos en la estación Joaquín Sorolla de Valencia. Recordar las lágrimas de mi abuela me sigue partiendo el corazón, sé qué es una imagen que voy a tener presente toda mi vida. Días antes pensé que no sería capaz, hubo momentos en los que estuve a un paso de decirle a Mr. Brandon "No puedo". No sé como fui capaz de subirme a ese tren tan rota como me sentía.

Ha sido un año fácil... y difícil a la vez. Fácil porque me amoldé estupendamente a nuestro piso, a nuestra vida en común y a estar lejos de casa, aunque todavía me parezca increíble esto último. Difícil porque si me paraba a pensarlo fríamente la realidad es que estaba completamente sola. Sería muy romántico decir que una persona es capaz de llenarlo todo, pero no es así, todavía te quedan vacíos. Muchas veces durante este tiempo he necesitado un abrazo de mi abuela, una charla en un banco del parque con mi tía o ver una peli de dibujos con mi prima. Más de una vez he pensado "¿Qué cojones haces aquí? En un sitio tan lejos del mar, con un clima que no soportas, lejos de todo lo que sientes tuyo...". Y no es porque piense que me equivoqué en la decisión de mudarme, todo lo contrario, tomé la decisión correcta, pero hay momentos en los que creo que es imposible no ahogarse y no añorar el olor a hogar. 

La llegada de Luca fue una bendición, siempre digo que me da media vida porque realmente me la da. Era tan pequeñito cuando llegó a mis manos que ha vivido prácticamente todo este cambio conmigo y ha convertido los malos momentos en momentos más llevaderos. Ha llenado algunos de esos vacíos de los que hablaba antes. Y ahora, escribiendo esto me doy cuenta que Mr. Brandon trajo a Luca a mi vida, quizá sabiendo que había huecos que él solo no sería capaz de llenar.

Soy feliz aquí, me gusta salir a pasear por las calles cuando el sol me da en la cara, me gusta tener mi propio piso aunque sea de alquiler, disfruto experimentando en la cocina y comprando cosillas para decorar el piso. Me encanta coger el cercanías, pasear por las calles céntricas de Alcalá y perderme horas enteras en librerías. Disfruto de las visitas a Madrid descubriendo nuevos rincones. Me alivia tener a Mr. Brandon, por fin, conmigo. Pero el agujero en el pecho sigue ahí.

Hace unos días estuve en casa y sucedió de nuevo algo que ya había experimentado en mis últimas visitas. Sentí que aquella ya no era mi vida, mi vida está aquí aunque sienta este agujero en el pecho y piense en todo lo que me estoy perdiendo... y no recuperaré nunca. 

1 comentario:

  1. Hay una frase por ahí que dice "Tu hogar está donde están tus libros". ¿Qué razón, no?. Yo además añado que tu hogar está donde está la persona a la que quieres. Al principio de nuestra vida, inevitablemente es nuestra familia, pero hay un momento en la vida en que uno ha de hacer una nueva. Como tu con Mr Brandon.
    Contentísima de leerte en esta entrada. Te he leído desde que te montaste en ese tren, y sé por experiencia que no es un camino fácil. Pero ya lo llevas en la maleta y lo has andado de maravilla!! Ole esa Brandon!!!!
    Besazo.

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