ENERO. Dos años


Enero acaba y Miss Brandon cumple dos años, cosa que hasta hace un par de horas ni siquiera recordaba. Mientras comía no dejaba de darle vueltas a lo que estos dos años han supuesto en mi vida, también pensaba "¿no haberme acordado antes para preparar algo (bonito) será mala señal?". 

Miss Brandon ha sido un ancla a la que agarrarme cuando la tristeza me pegaba bocados, un refugio donde escuchar canciones y un papel en blanco donde vomitar todo lo que sentía leyendo. Un diario de vida, de música y de libros. Echando la vista atrás ganan los buenos momentos a los malos, gana lo que he aprendido desde que estoy aquí, la gente maravillosa que se ha cruzado en mi camino, las buenas historias que he descubierto y esas opiniones compartidas.

He aprendido a escribir mejor y a hacerlo sin miedo, sin filtro, sintiendo cada palabra, dejando una parte de mi en cada entrada. También a leer de una manera más reflexiva, sacando todo el jugo posible a cada historia que ha pasado por mis manos. Y a dejarme llevar, leer en cada momento lo que me hiciera sentir plena, lo que me pidiera el cuerpo, obviando listas interminables y propósitos sin sustancia. Me he empapado de recomendaciones y consejos, y he compartido cicatrices y recuerdos. He capeado temporales sin sentido y he limpiado la mierda que me ha salpicado. 

Si Miss Brandon hoy sigue existiendo tengo muy claro que es, principalmente, por gente cómo Ani, Lidia, Elena, Carol y María Ángeles. Ellas, con sus blogs —¡Elena, hazte un blog!—, con sus palabras y con su sencillez, me han demostrado que hay un pequeño universo paralelo, quizá no tan glamuroso y brillante, pero tan lleno de verdad que deslumbra si no estás ciega. Sois la inspiración que hace falta para seguir al timón y no dejar que esto se hunda.

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NADA SE OPONE A LA NOCHE, de Delphine de Vigan

NARRATIVA CONTEMPORÁNEA
RIEN NE S'OPPOSE À LA NUIT ★★


Escribo de Lucile con mis ojos de niña que creció demasiado deprisa, escribo ese misterio que siempre fue ella para mí, a la vez tan presente y tan lejana, ella, que, desde que cumplí diez años, nunca más me cogió en brazos...


Recuerdo la primera vez que vi la portada de Nada se opone a la noche, fue en septiembre del 2012 y acababa de salir a la venta. ¿No hay portadas que por algún motivo os llaman irremediablemente la atención? A mi me la llamó esa fotografía en blanco y negro, de una mujer joven, rubia, bonita, con un cigarrillo en la mano. Apunté el título en una de esas listas que hacía en libretas medio gastadas. Y reconozco que con los años me olvidé un poco de él. Y de las listas, y de las libretas...

En septiembre del año pasado volvía a ver de actualidad ese nombre: Delphine de Vigan. Una nueva novela en español, Basada en hechos reales, y recordé a aquella mujer rubia de la portada de Nada se opone a la noche. Quiero pensar que fue una de esas señales, o una tabla flotando que llegaba para salvar Miss Brandon de un naufragio casi anunciado. Los que me seguís habitualmente sabéis de mi desgaste, de lo cansada que estaba de leer historias que no me decían nada, de lo triste que me ponía —y me pone— sentir que la romántica cada día está más vacía —con excepciones, claro—, de la crisis lectora que estaba arrastrando desde los primeros días del año. Necesitaba algo diferente y en plena ola siberiana, una tarde volví a casa con tres libros de la biblioteca. Uno de ellos era Nada se opone a la noche.

Empecé su lectura con miedo, lo confieso, miedo de no saber digerir la historia de Lucile. Una historia llena de tragedia, de dolor, de excesos, de enfermedad. Lucile, la hija, la hermana, la mujer, la madre. La madre de Delphine de Vigan, la autora del libro. La que encuentra el cuerpo sin vida de Lucile una fría mañana de enero y decide reconstruir su historia —recopilar fotos, diarios personales, recortes de periódicos, cintas de casette de su abuelo Georges, vacaciones familiares grabadas en súper 8—, quizá queriendo saber, o aún sabiendo, queriendo entender qué fue lo que desencadenó todo lo que vino después. Porque Delphine sabía desde niña que su madre no estaba bien, y que quizá, algún día no la pudieran salvar.


Me gustaría ser capaz de escribir lo que le pasó a Lucile, minuto a minuto, encontrar el momento exacto en el que descarriló, examinar el fenómeno con microscopio, descubrir el misterio, la química.
Me parece tan tremendamente doloroso y valiente escribir un libro como el que ha escrito Delphine, sobre su familia, su madre, su propia historia. Hay retazos del libro dónde toma aliento para seguir adelante. Nos cuenta como entrevistaba a sus tíos —los hermanos de su madre—, como reabría viejas heridas, y sin pretenderlo, quizá les estuviera haciendo daño al recordar pasajes que marcaron tanto su infancia y su juventud. El mismo dolor que ella siente con cada pieza que encaja en el puzle de Lucile. Porque lo que Delphine conocía de su madre era una mínima parte de lo que fue Lucile Poirier, de su vida, de su vacío, de ese mundo interior al que nadie parecía tener acceso. Y lo sientes, sientes ese dolor junto a Delphine mientras teclea, mientras descubre, mientras rememora su infancia y la de su hermana Manon. Porque la vida con Lucile no fue fácil de llevar, y menos, para unas niñas.


Si tuviera que definir Nada se opone a la noche con una palabra sería BRUTAL. Es uno de los libros que más poso me han dejado en toda mi vida lectora. Es un libro duro, sí, de los que duelen, de los que rompen, de los que laceran, de los que sientes en carne viva, pero merece la pena su lectura, merece la pena descubrir la maravillosa pluma de Delphine de Vigan y la sobrecogedora vida de su madre. Merece la pena conocer la historia de esta familia marcada por la tragedia y que se te empañen los ojos poniéndote en el pellejo de Delphine tras las teclas. Yo, sin duda, sé que seguiré leyéndola, porque he conectado de una manera especial con esta autora. Siento que muchas de sus palabras han puesto tiritas a algunas de mis heridas.

Llegados hasta este punto sólo puedo añadir que quiero leer absolutamente todo lo que hay publicado en español de esta autora francesa. Todo. Delphine de Vigan, me encantas, me dueles. Me has salvado.

Lucile se convirtió en esa mujer frágil, de belleza singular, divertida, silenciosa, a menudo subversiva, que durante mucho tiempo se mantuvo al borde del abismo, sin apartarlo completamente de su vista, esa mujer deseada, que suscitó pasiones; esa mujer fracturada, herida, humillada, que perdió todo en un día... (...) esa mujer inconsolable, culpable a perpetuidad, encerrada en su soledad.

Versión de Osez Joséphine de Alain Bashung y Jean Fauque.
Canción que acompañó a Delphine de Vigan en la escritura de Nada se opone a la noche, y de la cuál sacó el título: Rien ne s'oppose à la nuit.

Y llegaron los Reyes Magos...

Empecé enero arrastrando una maleta llena de abrazos y besos, pero también de decepción, dolor y desilusión. Y volví a sentirme pequeña, pequeña y cansada, con la sensación de que esta vez sí, había llegado la gota que colmara el vaso. Ningún corazón puede soportar tantos remiendos, por muy bien que cosas sonrisas en la cara.

Sólo tuvieron que pasar tres días desde mi vuelta a Villa Brandon, para que una vez más, un mes de enero me demostrara que la vida es impredecible, que hoy estás aquí y mañana ya no. Y da igual lo bien que te sientas, los planes que hagas y lo joven que seas. Somos más frágiles de lo que pensamos, aunque a veces nos sintamos invencibles.

Los Reyes Magos llegaron, aunque en sus sacos trajeran otra pérdida. Y entre incredulidad y tristeza, nos llenaron de letras: Instrumental: Memorias de música, medicina y locura de James Rhodes, The time of my life de Hadley Freeman y El silencio de la ciudad blanca de Eva García Saénz de Urturi.

Entre unas cosas y otras, perdí un poco las ganas de leer, de compartir y de escribir. Dejó de llenarme lo que un día me hizo ilusión. No tenía nada de ver con lo que quería, con lo que imaginaba, había perdido el impulso. Siempre he pensado que cuando no tienes algo que decir, es mejor no llenar el silencio con chorradas. Y disfrutando de ese silencio empecé a pintar las paredes de azul cielo y a poner de capitana del barco a la chica tormenta. Quizá no fuera tan guapa y estilosa como su antecesora —que era todo luz y calidez—, pero tormenta me transmitía fuerza, tenacidad y ganas. Siguiendo su estela, empecé a caminar sin hacer caso del ruido, pensando que quizá sí faltaban muchas cosas por decir, mucho por escribir. Desempolvé una lista de libros pendientes que ya ni recordaba que había escrito años atrás, y recorrí las estanterías de la biblioteca de la ciudad con una emoción que creía perdida. Delphine de Vigan hizo el resto. Volvieron mis ganas de leer, y sobre todo, de disfrutar leyendo. Me salvó de una crisis que empezaba a parecerme eterna. El resto, como se suele decir, es historia.

Y aquí empieza la versión 3.0 de Miss Brandon, quizá algo diferente, pero con el mismo corazón detrás de las teclas. Palabrita.



*La frase en cursiva es un fragmento de Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan

A LA DE TRES: TE QUIERO, de Cherry Chic

ROMÁNTICA CONTEMPORÁNEA
A LA DE TRES: TE QUIERO — Sin mar #1


Los dos son felices, los dos tienen buenas familias y los dos van por la vida 

pensando que no necesitan el amor para sentirse completos.  

Los dos van a darse un batacazo importante...


Cuando hace tres meses descubrí por casualidad Mi canción más bonita, tuve claro que detrás de la historia de Daniela y Oliver había alguien que tenía talento. Y esto podría ser una tontería, pero no lo es, porque hoy en día parece que cualquiera puede escribir una novela romántica y no, no es así. Cherry Chic me convenció, pero no soy una persona que se fíe de las primeras impresiones, así que estaba deseando leer algo más suyo para cerciorarme de que realmente no estaba equivocada.

Entonces llegó a mi manos A la de tres: ¡Te quiero!, quizá fue cosa del destino, o una señal, ¿quién sabe? La cuestión es que no estaba pasando por un buen momento, sólo me hacía sonreír mi 'quitapenas' Luca y la llamada diaria que hago a casa. Hasta que llegó Julieta. Julieta, tan efusiva, tan charlatana, tan vivaracha, tan extravagante. Julieta, la que no cree en el amor hasta que se cruza con Diego. Diego, al que no le gustan la salidas de tono, ni llamar la atención. Tan diferente a Julieta, excepto en un punto, él tampoco cree en esa clase de amor que rompe todos tus esquemas, hasta que se cruza con Julieta.

Julieta y Diego se caen fatal desde el primer momento, aunque claro, su primer encuentro es... digamos que diferente. Y parece que están destinados a encontrarse continuamente, para su desgracia. Pero cómo se suele decir, los polos opuestos se atraen, ¡y de qué manera! Y el odio poco a poco se irá convirtiendo en otra clase de sentimientos que no saben cómo manejar, y que no quieren manejar de ninguna manera. Diego lo tiene claro, es imposible que se esté enamorando de esa cabra loca con incontinencia verbal, que usa los calcetines dispares y que trabaja como zombie en la Casa del terror del parque de atracciones. Y Julieta lo sabe, sabe que no es la clase de mujer que estará en el futuro de Diego, porque tiene asumido que a veces resulta cargante y que no la logran entender, porque quizá es... demasiado.


Cómo ya pasó en Mi canción más bonita las familias de los protagonistas son muy importantes en la trama. En aquella historia me quedé prendada de los hermanos de Daniela, y esta vez, lo he hecho de los de Julieta. Porque ¡son cuatrillizos! Cada uno totalmente diferente y me lo han hecho pasar pipa. Alex, Esme, Amelia y Julieta me han hecho reír cuando más falta me hacía, y eso es impagable. Ya sólo con el Prólogo tenía la sonrisa en los labios. Pero Julieta se ha llevado la palma, me ha hecho reír a carcajada limpia con sus salidas de tiesto, los piques con sus hermanos y sus rifirrafes con Diego. Porque Julieta es diferente, eso ha quedado más que claro, y justamente eso, es parte de su encanto. Ese encanto que rompe todos los esquemas de Diego.

Llevo toda la vida esperando que llegue la gente perfecta, los sentimientos perfectos y, en definitiva, la vida perfecta. Y todo para acabar descubriendo que la perfección no existe, o sí, pero viste calcetines dispares, se disfraza de cualquier chorrada, se ríe como un cerdito y tiene el culo tatuado con la imagen de la portada de una peli de Tim Burton, entre otras muchas cosas. Y es que al final, no hay nada más perfecto que el sentimiento de ser feliz con lo que uno tiene.
Ya sabéis que el chick-lit o historias de ese tipo no me van demasiado, siempre leo otra clase de historias y las que más me llegan al corazón son las sentidas, pero A la de tres: ¡Te quiero! ha sido especial, me ha dado lo que necesitaba en el momento que cayó en mis manos y creo que eso, al fin y al cabo, es lo importante. Necesitaba reír, necesitaba dejar de pensar, necesitaba evadirme... necesitaba a Julieta. Así que llegados a este punto sólo puedo decir: Gracias, Cherry, gracias por Julieta. Gracias por esa chica que me descolocó en un primer momento, pero que al final he acabado adorando. Estoy deseando reencontrarme con ella en las siguientes entregas de Sin mar.

Quería terminar la reseña con una canción divertida, una canción que fuera muy Julieta, y la vez, reflejara a la perfección su historia con Diego. Una canción que hablara del amor de verdad, de ese que no es de color de rosa, del real, del que duele. Del que te llena el corazón hasta reventar y aunque midas metro y medio te hace sentir grande e invencible. El amor por el cual merece la pena dejarse la piel. El amor de tu vida.



OTRAS RESEÑAS DE CHERRY CHIC

Mi canción más bonita