24 mayo 2017

Crash. Cuando todavía buscas algo más extraordinario


Supongo que algunos pensaréis "Ha vuelto, pero ya no reseña" y es cierto, volví y desde entonces sólo he escrito un puñado de entradas y entre ellas, únicamente una reseña. No es que haya perdido las ganas, o al menos, no del todo, es simplemente que cuando tomé la decisión de volver me hice una lista de las cosas que no haría de nuevo y uno de los puntos de esa lista era: Escribiré sólo cuando me apetezca y de lo que me apetezca. Y lo estoy cumpliendo a rajatabla.

Hoy no tenía previsto escribir nada, pero en los últimos días me he pegado un atracón de romántica de esos que me gusta darme cuando necesito evadirme, y después de poner mis valoraciones en Goodreads recordé una conversación que tuve hace unos días con Lidia. Yo le decía que para mí la romántica ha terminado siendo esa clase de literatura que utilizo para evadirme, para no pensar en nada y ya está. Y posiblemente esa sea la función de muchas autoras, incluso de muchas lectoras, entretener y ser entretenidas, sin más pretensiones y es genial, a veces se necesita algo así, pero a mí la mayor parte de las veces ya no me basta. Hoy ya no me basta. Cuando termino una novela romántica el 90% de las veces pienso con cierta pena "todavía busco algo más extraordinario". La frase no es mía, es la frase memorable que le decía Bridget Jones a Daniel Cleaver en un momento cumbre, y que yo con dieciocho tiernos años ya no la olvidé. Cómo tampoco olvidé la difícil tarea de encontrar a mi particular Mark Darcy, ese que me quisiera tal y como era. Pero volviendo al tema de la novela romántica y dejando de lado a aquella Mónica canija, hace muchos años que leo este género y ahora, con treinta y dos años me doy cuenta de lo que realmente me gusta de él. Me gusta sentir, me gusta emocionarme y me gusta que me estruje el corazón. ¿Cuál es el problema? Que estoy cansada de leer la misma historia una y otra vez, que la originalidad cada vez brille más por su ausencia y que parezca que cualquiera se puede sentar delante de un teclado y escribir una historia. Esto no pasaba antes. ¿Soy la única que siente que el género está de capa caída? Cómo lectora de romántica quiero que la historia traspase el papel y se me pegue en la piel, quiero sentir en mi carne lo que sienten los protagonistas y que la emoción me reviente el pecho. Quizá pido demasiado, quizá además de kamikaze lectora tenga que empezar a describirme como lectora romántica encabronada y exigente. Pero cada vez que entro en Goodreads y veo las tropecientas estrellas que tienen novelas que a mí me han dejado totalmente fría pienso "o tienes el corazón muy negro o el morro demasiado fino" —también se me pasa por la cabeza lo parda que la están liando las editoriales, pero eso ya es otro tema en el que no voy a entrar porque prefiero seguir fingiendo que vivo en el mundo (blogger) de la piruleta y que todo me resbala como si me hubiera untado en mantequilla—.  He llegado a un punto que no necesito sólo una buena novela, necesito que la autora con sus palabras sea capaz de hacérmela llegar, de hacérmela sentir y que cuando vea la palabra FIN sienta cierta tristeza al despedirme de sus protagonistas. Llegar a sentirlos cercanos, reales, de carne y hueso. 

Supongo que hoy me he levantado profunda, reflexiva y tocapelotas, y necesitaba decir en voz alta lo que se me pasa por la cabeza, o por lo menos una parte, quizá con el fin de no sentirme la perra verde del reino. Tenía intención de hacer una entrada hablando de un porrón de novelas románticas que he leído últimamente, a ver si saco tiempo (y ganas) y os la traigo. ¿Os gustaría?

Esta vez voy a ser muy obvia con la canción del final del post y voy a poner a Zahara, ya que estoy leyendo su novela Trabajo, piso, pareja. Y también porque Crash es lo que hace mi pobre corazón cuando termino de leer otra novela romántica clonada. Otra más. No sé si el Crash es de pena o de mosqueo, todavía estoy meditándolo...

15 mayo 2017

Madrid, 12 de mayo


El pasado viernes tuve el placer de asistir a la presentación de El último baile de Marisa Sicilia en Madrid. Nunca había estado en ninguna presentación, así que llegué a la librería La Sombra con mucha ilusión... y sudando la gota gorda porque tuve que pegarme una buena carrera desde Callao hasta Atocha.

Estar allí fue maravilloso por muchas razones, principalmente porque lo prepararon todo demasiado bonito. Si no habéis leído la historia de Lili y Andreas, os diré que el final del primer capítulo es de los que te estrujan el corazón. Es un principio que en realidad es un final, y poder tener la oportunidad de escuchar ese fragmento, fue... ¡emocionante! Tuve que mirar al suelo para no parecer la más pánfila de toda la presentación. Fue un acierto total esos pequeños fragmentos de la historia en grabaciones, acompañados de una selección musical deliciosa. La banda sonora perfecta. Fue un auténtico placer escuchar a Marisa, sólo viendo su sonrisa transmite tanto que es imposible que salgas de allí sin ganas de leer su historia. Ella, junto a Lidia de Cielos de papel, le pusieron todo el cariño del mundo y eso se notó, desprendieron complicidad y, sobre todo, amor por la historia de Lili y Andreas. A mí se me pasó en un suspiro, me quedé con ganas de mucho más. Me quedé con ganas de volver a sumergirme en El último baile.

Marisa Sicilia fue de las primeras autoras que reseñé en el blog. En general he tenido buenas experiencias con autoras, siempre han recibido bien mis reseñas, fueran positivas o un poquito más críticas, pero si hay alguien que me ha sorprendido, esa es Marisa. El primer libro que leí suyo me gustó, pero no me llegó como esperaba que lo hiciera y a pesar de mi reseña —que no era maravillosa, ni siquiera en contenido, de las peores que he escrito, ¡un horror!— me escribió un email para darme las gracias, y yo nunca olvidé ese detalle, porque considero que dice mucho de ella como escritora pero, sobre todo, como persona. 

Estos años he seguido leyéndola, unas historias me han gustado más, otras un poco menos, pero lo que es indudable es que Marisa posee una de las plumas más prometedoras de la romántica de nuestro país. Cada historia que escribe es diferente a la anterior, arriesga con sus protagonistas y escribe con una elegancia que conquista. Pero con El último baile ha superado todas mis expectativas, ya cuando el año pasado empezó a hablar de esta historia tuve la corazonada de me encantaría, que esta sí sería mí historia de Marisa —con permiso de Forajido, que me pareció un piscolabis de lo más dulce y tierno—. Y no me equivoqué porque con Lili y Andreas era demasiado fácil meterme en el bolsillo, era demasiado fácil dejarme huella, era la historia perfecta para mí. Un amor a lo largo del tiempo, un amor de idas y venidas, de los que son capaces de luchar contra el tiempo, la distancia y las adversidades. Una ambientación diferente, atractiva y absorbente. 

Siguiendo con la presentación, fue una tarde estupenda, no sólo por el placer de hablar de Lili y Andreas, sino también por conocer a Marisa —cariñosa a más no poder— y a Cris de Estantes de papel —fue verla, hablar dos frases con ella y sentir cosas bonicas— y volver a ver a Sandra de Mis romances encontrados y a mi Lidi. Lo único que siento es que mi timidez me coma a bocaos y no dar de mí todo lo que me gustaría de primeras. Ojalá no haya sido un chasco conocerme en persona.

La música perfecta para terminar esta entrada sería la que sonó en la presentación, pero eso no sería muy Miss Brandon, ¿verdad? Wings me pone siempre los pelos de punta y la letra es perfecta. Perfecta para Lili y su amor por Andreas. Un amor que a mí me ha dejado una huella imborrable.



PD. La madre de Marisa es encantadora y sus galletas, ¡riquísimas!

09 mayo 2017

Just like magic


Llevaba desde finales del año pasado preparando una sección nueva. Quería hablaros de los blogs que me llenan, dedicar una entrada a cada uno de ellos, pero al final todo se quedó en una idea que al final, con mi marcha, no llevé a cabo. Pero esa idea seguía ahí, quería dároslas a conocer, a ELLAS, de las que os hablé en la primera entrada de la nueva era

El mundo de los blogs es un mundo infinito, dónde la originalidad brilla por su ausencia, sobre todo si hablamos de blogs dedicados a la literatura romántica. No sé a los demás, pero a mi no me aporta nada leer veinte reseñas del mismo libro el mismo día, entradas con el mismo formato, explotando las mismas ideas, los mismos diseños... Y sé que esto último es complicado, es complicado marcar la diferencia, ser genuino, porque siempre te copian ideas o directamente te copian texto, las hay muy rumbosas —por no decir muy sinvergüenzas—. Con el tiempo me he dado cuenta que en la sencillez está el éxito, que un blog limpio, sin demasiados adornos y con un buen contenido es lo único que hace falta. Lo importante no es que te sigan mil personas, lo importante es que las personas que te siguen te lean. Lo importante no es que te escriban cuarenta comentarios, lo importante es que los comentarios que te dejen tengan sentido —¿hay alguien en la sala que no esté del "Me lo apunto" (o cosas parecidas) hasta lo que rima con Logroño?—. Lo que quiero decir con todo esto, es que hay blogs chiquititos que llenan de vida y de magia el mundo de los blogs. Y ahí entran ELLAS.

Tengo que empezar con Lidia y sus cielos de papel. Caí en su blog de pura casualidad y me quedé, estuve muchísimo tiempo leyéndola en la sombra, me daba vergüenza que mis comentarios no estuvieran a la altura de sus reseñazas, pero al final di el paso y es lo mejor que he hecho desde que estoy aquí, porque en Lidia encontré a una compañera y a una amiga, sobre todo esto último. Se me llena la boca diciendo cosas bonitas de Lidia. En su blog no sólo encontraréis reseñas de los libros que va leyendo, hay entradas de puro debate y secciones como Entre bambalinas o Una imagen vale más... de las que yo me declaro fan número uno.

Reina entre las reinas, Ani de Ajuste de letras. Si hoy estoy aquí es por su culpa. Llegó a mi vida en forma de email dándome energía para aburrir y se ha quedado conmigo. Hemos compartido lecturas y vida. Ahora también escribe y su blog es canela fina, de lo mejor que os encontraréis. Leerla es simplemente un placer, le pone corazón, le pone pasión y le pone vida. Si en el mundo hubiera más Anitas, sería un mundo mejor. Sus reseñas son una pasada, no las puedo describir de otra manera. Eres grande, amigui.

María Ángeles de Una bloguera eventual es el buenrollismo hecho persona. Leerla siempre me transmite cosas bonicas, energía positiva... Leerla sin una sonrisa es imposible, porque es natural, espontánea... a mi siempre me deja una sensación de paz difícil de describir. Visualmente es de los mejores blogs que he visto, utiliza fotos propias, sencillas pero preciosas —sin farolillos de Ikea, ni Funkos—. Os diría que espero como loca sus reseñas de los jueves, pero mentiría, porque continuamente hago click para ver si hay algo nuevo. María Ángeles es molona hasta cuando habla de tazas.

Carol y sus mundos me engancharon desde el minuto uno. Recuerdo que la conocí porque me comentó aquellas reseñas en las que me empecé a despendolar —la primera bilogía de Neïra, por ejemplo— y al devolverle la visita me di cuenta de que ¡éramos mellizas! Si un libro no le gusta a Carol no lo toco ni con un palo, es curioso pero tenemos gustos afines al 99%, lo tengo comprobado. Las estrellas de Goodreads no engañan —imaginaos la voz del mayordomo ochentero del anuncio de Tenn—. Me encanta leerla porque es cercana, es cariñosa, es sencilla.

Lo de EMe y su Ágora ya es de otro planeta. ¿Os podéis creer que no hay ni una entrada suya que no me haya dejado flipada? No sé si le va a agradar que la defina así, pero a mí parece una valiente, no todo el mundo es capaz de sentarse delante del teclado y escribir entradas como las suyas. Entradas comprometidas por su amor a la romántica, entradas en las que habla no sólo de libros, sino del mundo editorial, de los lectores, de los blogs... El blog de EMe es necesario en este mundillo de postureo y gilipollismo supino, sólo os digo eso.

Cris y sus estantes de papel me conquistaron tarde, pero lo han hecho para siempre. Es una de las personas que se han cruzado en mi vida que más sabe de romántica, y sólo me hizo falta leer un par de libros con ella en un club de lectura de Facebook para darme cuenta. Su bagaje lector es garantía de calidad. Sus entradas tienen chicha, tienen contenido y tienen alma. Y lo único que siento es no comentarle tanto como me gustaría, pero es que la leo y pienso "¿qué narices puedo aportar yo a Cris?"

Sigo a más blogs que me encantan y me llenan, que me parece que son pura magia, pero principalmente quería hablaros de estos poquitos, quién sabe si algún día llega la entrada Just like magic volumen II... 

No quería terminar sin nombrar a Elena... Elena no tiene blog, pero para mí es como si lo tuviera, el sentimiento que tengo con ella es que es de la pandi. Sus comentarios han llenado de vida el blog y a mí de ganas. Gracias por estar a mi lado siempre, por tu cariño, tus palabras, por ser así de adorable.

04 mayo 2017

EL SUEÑO IMPOSIBLE, de Paullina Simons


Si alguien me pregunta el título de uno de mis libros preferidos, mi primera respuesta sería El jinete de bronce. Hay más, por supuesto, pero esa novela de Paullina Simons que inicia su trilogía más famosa, sería el libro que posiblemente elegiría. Soy consciente de que hubo un antes y un después para mí como lectora a raíz de leer a Paullina Simons. Antes de ella había leído muy poca novela romántica, principalmente leía otro tipo de género, pero empezaba a adentrarme en una romántica que acabó atrapándome por completo. Tatiana, Aleksandr y, sobre todo, Paullina tuvieron gran parte de culpa.

Hoy quedan lejanas aquellas noches de otoño en las que no podía dejar de leer, las horas pasaban volando mientras sufría al lado de la dulce Tania. En aquel momento empezaba mi obsesión por leer todo lo que pudiera sobre la II Guerra Mundial, y tener la posibilidad de leer una historia de amor ambientada en esa época me partió el corazón más de lo que esperaba. Leer las últimas páginas fue duro, revolvió muchos sentimientos. Lloré por Tania y Aleksandr, pero también por alguien de mi vida, alguien que me dio la lección de amor más dura y bonita. Después de leer la trilogía completa tenía claro que necesitaba leer algo más de la autora, pero en nuestro país era prácticamente imposible. 

Desde hace unos meses, como ya os comenté, estoy tirando mucho de biblioteca y hace un par semanas que fui a por un libro en concreto acabé llevándome El sueño imposible, la primera novela de Paullina. Fue publicada por Ediciones B en 1996 con una portada poco favorecedora y aunque empecé a leerla con un poco de miedo, ha acabado dejándome un vacío que sólo te logran dejar las historias que realmente merece la pena leer. Seguro que sabéis a qué me refiero.

El sueño imposible es una novela sobre la amistad, la amistad de Tully, Jennifer y Julie. Una novela sobre el paso de la adolescencia a la madurez y sobre esos sueños que todos tenemos. Es la historia de Natalie Anne "Tully" Makker, de su sueño de no soñar, de su lucha por mantenerse a flote en el seno de una familia rota. De sus errores, de sus amores... De su vida.

Terminé esta novela con el corazón en un puño, pero el camino hasta llegar a ese final no fue fácil. La historia de Tully no es una historia fácil, es una historia intensa, dura, a veces, incluso triste. Para mí ha sido complicado entender sus decisiones o su forma de actuar en muchos momentos, pero era imposible juzgarla porque nuestras vivencias nos moldean a su antojo y Tully desde niña había pasado mucho, quizá demasiado. Sus acciones sólo eran un grito desesperado de cariño, de sentirse amada, de sentirse importante para alguien, más cuando comprendes que todas las personas que ha querido la han abandonado de una u otra manera. Siempre he pensado que la soledad es un monstruo, ese sentimiento de soledad te agarra por dentro y te destroza, y Tully... Tully se sentía muy sola, muy perdida, incluso desamparada. He sufrido con ella en cada baile en el Tortilla Jack's, en cada domingo en el cementerio, en cada desencuentro con Robin... He sufrido en cada capítulo por no saber entenderla del todo.

Hace un par de semanas que terminé esta historia y me sigue sorprendiendo que sea la primera novela de Paullina, porque es una novela de las grandes y complejas. De las que emocionan, de las que te hacen sentir, de las sufridoras. De las que cierras el libro después de la palabra FIN y todavía te ronda varios días en la cabeza. Tully, Jennifer, Julie, Robin, Jack, incluso Shakie me han dejado poso. No es El jinete de bronce, claro, es una historia totalmente diferente, pero la maravillosa forma de escribir de Paullina está ahí, y sus personajes fuertes y reales también. Yo no necesito más, ojalá todos los que adoráis la historia de Tania y Shura le deis una oportunidad a Tully, creo que la merece. Es una historia para descubrir poco a poco, página a página, cualquier detalle que diga va a ser spoiler, así que escribir esta entrada me ha costado lo mío. No quería desvelar demasiado, sólo lo justo para que despierte vuestra curiosidad. Paullina es mucho más que El jinete, aunque aquí en España nos tengan un poco ¿abandonados?

El sueño imposible tiene una banda sonora muy de la época. La historia de Tully suena a Pink Floyd, a Bee Gees, a Val Halen, a Rolling Stones, a Eagles... tenía mucho dónde elegir para cerrar la reseña. Pero en un diálogo en el que hablaban de canciones de Pink Floyd me quedé con Wish you were here, una de las canciones favoritas de Jack y que versionó Ed Sheeran para los JJ.OO. de Londres.

03 mayo 2017

ABRIL: La primavera


Abril huele a las rosas de Sant Jordi, mi primer Sant Jordi lejos de casa. La primera rosa de Mr. Brandon que he podido disfrutar hasta que se han caído los pétalos secos. Las de otros años siempre se quedaron en un jarrón en casa de mis suegros, mientras yo volvía a casa con la maleta cargada de libros. Hace unos días él me lo decía "Nos quedan un montón de primeras veces" y es verdad, llevamos siete años juntos y hay tantas cosas que por las circunstancias todavía no hemos podido disfrutar, y es... ¡emocionante!

La llegada de la primavera me ha dado media vida, el calor, el sol, todo lo que echaba de menos de mi clima mediterráneo ha llegado a este lugar de la Mancha —un poquito más a lo bestia— y me tiene la mar de feliz. No podía imaginarme lo que me costaría acostumbrarme a este clima tan gris, tan cambiante, tan raro... abrir la ventana por la mañana y ver otro día sin un rayito de sol me tenía ya hecha un trapo. Volver a casa después de tres meses también sirvió de chute de energía, ya empezaba a necesitar abrazar a los míos, ver que todo sigue igual en mi ausencia y disfrutar de la paella, las migas y todas esas cosas ricas que cocina mi abuela.

En abril también me di cuenta de un par de cosas. La primera es que da igual el esfuerzo que pongas por encontrar algo, que probablemente lo encontrarás cuando menos lo busques. Esto me pasó el día del libro callejeando por Alcalá, encontré por segunda vez El jinete de bronce de Paullina Simons en tapa dura, nuevo y tirado de precio. Lo primero que salió de mi boca fue "Joder, joder, joder", ¿sabéis los años que estuve buscando un ejemplar? Ya no un ejemplar decente, simplemente un ejemplar, aunque fuera de segunda mano y hecho un asco. Mis plegarias fueron escuchadas en 2011 cuando DeBolsillo lo reeditó, pero pensaba que era IMPOSIBLE encontrar uno en tapa dura. En diciembre lo encontré y a día de hoy todavía me estoy pellizcando para creerme que lo tengo en mi estantería (os lo conté aquí), pero encontrarlo por segunda vez me parece una pasada. Y en cuanto lo vi tuve claro para quién sería, porque por supuesto me lo llevé —en realidad tuvimos que ir a por él una segunda vez porque me faltaba algo de calderilla, ¡y todavía estaba!—. La segunda cosa de la que me di cuenta en abril y que ya intuía, no es tan divertida como la primera y es que tuve la certeza de que por mucho que te empeñes ciertas heridas nunca acaban de cicatrizar, porque son heridas que no deberían estar ahí, es antinatural que estén, no deberían existir esa clase de heridas en el alma. Da igual el tiempo que pase y las ganas que pongas para olvidar, para sanar, esa herida está ahí, sigue ahí. Y hoy sé que siempre estará ahí. Soy de las que piensan que las canciones eligen su momento para sonar, aquella tarde sonaba Never give up de Sia y para mí fue —y es— toda una declaración de intenciones. La próxima vez que duelas, te cantaré a Sia.

Leer he leído poco, estoy disfrutando mucho más de las lecturas que caen en mis manos y supongo que es la consecuencia de ser algo más selectiva. Estoy tirando mucho de biblioteca, leyendo historias que cuando salieron a la venta quise leer pero que con el aluvión de novedades se quedaron en la pila de pendientes. Cierro abril con solo cuatro lecturas: La magia de ser nosotros de Elísabet Benavent, La nostalgia feliz de Amélie Nothomb, La partitura. Música para Adam de Anna Casanovas y El sueño imposible de Paullina Simons. Si tengo que elegir una sin duda me quedo con El sueño imposible. Ojalá vuelva mi inspiración y os pueda hablar sobre su historia tranquilamente, porque hay mucha tela que cortar. De momento tengo un borrador con dos tristes párrafos...


→ Desde hace unos días en el menú superior tenéis los libros que he leído en lo que llevamos de año y las canciones que van formando parte de mi banda sonora anual. Tengo intención de hacer también un apartado de las películas que voy viendo.
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