En carne viva


Llega diciembre y empiezo a poner en una balanza lo bueno y lo malo de estos meses. Hace unos días empecé a pensar en mi entrada del 31 de diciembre siguiendo el modelo de la que escribí el año pasado. Ya tenía la cabecera, ya sabía lo que quería contar y... esta mañana, fregando los platos mi cabeza ha ido por libre y sin quererlo, ni esperarlo, mentalmente ha empezado a escribir esta entrada. ¿No os pasa a veces? A mí antes me pasaba mucho, ¿recordáis mis entradas mensuales? Todas llegaban a mí de esa manera, espontáneamente, mientras hacía cualquier cosa y para no olvidarme de alguna frase la apuntaba en las Notas del móvil, o en la lista de la compra, o en la pizarra que tenemos en el frigorífico... cualquier sitio era bueno. Ahora ya no me pasa, ya sabéis que este año no ha sido bueno blogueramente hablando. He estado de capa caída, me quedé sin nada que decir, mi inspiración se perdió entre la mierda y la porquería, he sentido día tras día que ya no tenía chispa. Por eso esta mañana cuando me ha venido a la cabeza lo que quería contaros en esta entrada, me he dicho "Mónica, esta tarde enciendes el portátil y escribes, da igual el resultado final. Escribe y punto". Y aquí estoy.

Si miro atrás siento que ha sido un año de aceptación...

He sido de las que siempre se ha guiado más por el corazón que por la cabeza y con los años me he dado cuenta de que no es bueno. Sufres más y básicamente quedas como una gilipollas la mayor parte del tiempo. Y empiezo hablando de mi corazón porque últimamente he pensado mucho en ello, he pensado mucho en la gente que se ha quedado por el camino. Me ha costado aceptar que hay gente que está en nuestra vida solo de paso. Antes pensaba que querer a alguien era sinónimo de tenerle siempre contigo. Era una visión ilusa de la vida, lo sé, pero no concibo esa forma de querer a ratos. Sufrí mucho por ello al darme cuenta que gente a la que quería con todo mi corazón me dejaba por el camino sin pestañear. Puede parecer una absurdez pero al cumplir los treinta cambié el chip y empecé a dejar yo por el camino a quién sólo hacía que restarme, que hacerme daño, pero aún así es imposible no decepcionarte y este año me he llevado otra de las grandes, de las que duelen, de las que sangran. De las que se quedan ahí recordándote lo idiota que has sido. Pensaba que estaba curtida, pero a principios de verano llegó N y me dio otra estocada. Y dolió igual o más que la primera vez. Y volví a sentir miedo, miedo a querer, miedo a abrirme, miedo a entregarme. Miedo a que un día me den la estocada final y mi corazón se vuelva frío.

Empecé el año con unos pantalones que a día de hoy no me pasan de las caderas, otra aceptación más. Aceptar que peso diez kilos más que hace sólo dos años cuando me calzaba las zapatillas y salía a correr cada tarde con mi padrastro. La mayoría engordados en pocos meses. Puede parecer una gilipollez superficial esto que os cuento, pero el verdadero problema no es el peso, el problema es que no me sentía yo misma, era algo más de interior que de exterior, algo mucho más profundo. La ropa que iba desechando del armario porque me quedaba estrecha, mal o simplemente no me abrochaba, era solo una prueba del cambio. No ha sido fácil aceptar que el tiempo pasa y las cosas cambian. Ya ni siquiera me hacen sonreír las mismas cosas.

A principios de año también decidí no centrarme tanto en leer novela romántica y eso me ha hecho descubrir libros de esos que apuntas en la lista de Libros de tu vida. Como Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan, que me hizo reconciliarme de alguna manera con una parte dolorosa de mi vida, fue catártico leerla, siento que hasta se me iluminaron los ojos de comprensión, necesitaba a alguien que me dijera "No estás sola y no eres un bicho raro. Yo también me he sentido así y te entiendo" y ahí estaba Delphine, susurrándome su dolor, su pena, su vida en 376 páginas desgarradoras e intensas. Gracias a ella acepté que las cosas son así, que no merece la pena llorar más, porque no cambiarán nunca. Luego llegó Rosa Montero con La ridícula idea de no volver a verte y fue como un bálsamo, lo terminé con la certeza de que a lo largo de mi vida recurriría a él más veces para sanar mi corazón. Para hacer frente al duelo. Es duro aceptar que la gente te deje en el camino, pero cuando es involuntariamente lo es más. Y por último, apareció El corazón helado de Almudena Grandes dándome algo que necesitaba mucho, acercarme a mi bisabuelo. Me hizo abrir mi mente y pensar que nunca conoceré sus circunstancias, que nunca sabré por qué tomó aquellas decisiones, que nunca sabré por qué se marchó y que lo único que tengo entre las manos es una parte de su vida en pedazos de papel. Sólo una pequeña parte de su vida. Él fue mucho más que eso, muchísimo más y hasta que no leí la novela de Almudena no lo comprendí, no lo acepté. Estaba cegada pensando en lo que no me gustaba, en lo que yo hubiera hecho en su lugar y fui injusta. Muy injusta. Y lo siento en el alma. Yo no estaba allí, yo nací casi setenta años después que él, yo no viví aquellos años duros e inciertos, yo ni siquiera había nacido cuando terminó la dictadura. Yo no sé nada. Lo único que sé y tengo claro es que seguiré buscándole. Seguiré buscándote. *Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. 

Este año también ha llegado el momento de arrepentirme un poco de estar lejos de casa. Cuando hice las maletas fue con muchos miedos a cuestas y uno de los que más peso tenían era el de no estar cuando a alguno de los míos le pasara algo. Y ese momento llegó demasiado pronto y el tren no fue lo suficientemente rápido para aliviar mi angustia. Por primera vez fui consciente de que la vida allí seguía sin mí y no me gustó sentirlo, no me gustó verlo y eso hizo que volviera a Villa Brandon triste, preocupada y un poco vacía. Y sí, por mi mente pasó como un flechazo el volver a casa. Vuelvo a ser injusta, me temo.

2017 ha sido un año tranquilo, plácido, sin grandes sobresaltos. Un año que ha pasado rápido y casi sin saborearlo, es lo único que me da pena, sentir que ha pasado en un suspiro y no lo he disfrutado plenamente, no al menos como me hubiera gustado. Ha sido un año en el que he pensado mucho, sobre todo, en el pasado, en las decisiones que tomé o tomaron por mí, en todo lo que perdí y en lo que ya no recuperaré.



*Fragmento de Elegía de Miguel Hernández, que también aparece en El corazón helado de Almudena Grandes.

Y te sigo por el aire como una brizna de hierba...


Tengo 32 años (vamos a contar 33 porque me queda un suspiro) y hasta hace unos días no había leído a Federico García Lorca. Podría echarle la culpa a la porquería de sistema educativo que tenemos, y no me faltaría razón, porque de Lorca dimos un par de pinceladas, prácticamente de pasada y nunca leímos nada suyo. Ni poesía, ni teatro. Nada. Más grave me parece que tuve una asignatura de Teatro durante un curso entero y tres cuartos de lo mismo. Pero no, hoy la culpa me la voy a echar yo misma por no haber leído nada suyo antes, cuando la lectura empezó a ser un placer, una vía de escape y un refugio. 

Mi abuelo es almeriense y hubo una época que cada año íbamos a visitar a la familia. Las raíces de F, mi bisabuelo. A mí siempre me ha encantado ir, además de porque me parece una tierra preciosa, porque soy una sentimentaloide de tomo y lomo, y siempre me ha emocionado pensar que estaba pisando las mismas calles, oliendo el mismo mar y disfrutando del mismo sol que en su día hizo F. En esos viajes anuales a Almería hicimos alguna escapada a Granada, a ver la Alhambra, a conocer la ciudad... y por avatares del destino acabamos comiendo en un restaurante con nombre La ruta de Lorca. No sé por qué en ese momento no busqué como loca algún libro de Lorca, no lo sé. Lo tenía ahí, como una señal luminosa dejándome cegata. La ruta de Lorca, Alfacar, Granada. Recuerdo que mi abuelo se quedó con el nombre y dos años más tarde, viajando a Málaga, volvimos a comer allí. Pero lo dejé pasar. Posiblemente si en ese momento le hubiera preguntado a mi abuelo "¿Has leído a Lorca?", él me hubiera dado alas y ganas para comprarme un libro suyo en la primera librería del camino. Escucharle siempre tiene ese efecto en mí, esas ansias de saber, de ser una esponja y empaparme de todo lo que sabe. Pero no lo hice, lo dejé pasar.

Hace unos días me compré un par de libros de Ian Gibson y en los dos aparece Lorca, fue pura casualidad y curiosidad, solo tenía en mente coger uno. Esto fue el sábado y el domingo en la tele emitieron La novia, película basada en Bodas de sangre de Lorca. Una amiga me ha enseñado a creer en las señales y esto es una como la copa de un pino.

La película me pareció bellísima, cierto que es una interpretación libre de la obra de Lorca, pero tiene todos sus ingredientes. Esa pasión, esa intensidad, ese paisaje rural, esa luna resplandeciente testigo de tanto. Incluso diálogos calcados de la obra. La manera de contar la historia es visualmente preciosa, cada gesto y cada mirada dice tantísimo... Supe en el momento de terminar de verla que tenía que leer Bodas de sangre, era totalmente necesario y me encontré pura poesía. No sé que esperaba exactamente encontrar, pero os digo que ni coña algo tan bello. No lo puedo calificar de otra manera. Que manera tan bonita, profunda y sentida de usar las palabras, de dar voz a los personajes, ese amor, ese desgarro, ese dolor. Estoy profundamente maravillada, antes me gustaba mucho el teatro, sobre todo los clásicos griegos, pero esto... esto es otra cosa y es nuestro. Debe ser una auténtica gozada tener la oportunidad de verla representada, de disfrutarla en vivo y en directo, de sentir los pelos de punta de la emoción. Me lo apunto en mi lista de cosas que hacer alguna vez en la vida: ver una obra de Lorca.

"(...) y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba."

Llevo unos días pensando en las cosas tan maravillosas y grandes que nos hubiera regalado Federico García Lorca si no le hubieran arrebatado la vida de esa manera tan injusta e inhumana (como a tantos otros). ¿No creéis? Cuánta poesía se perdió en el camino de Víznar a Alfacar una madrugada de agosto de 1936. Qué tristeza más grande. Qué tristeza.

EL DAÑO por Rupi Kaur


es tu sangre
la que corre por mis venas
dime cómo se supone
que voy a olvidar

iba a ser
el primer hombre al que amaras en tu vida
todavía lo buscas
por todas partes


cada vez que
le hablas a tu hija
que le gritas
sin amor
le enseñas a confundir
la rabia con la amabilidad
lo que parece una buena idea
hasta que crece y
confía en hombres que le hacen daño
porque se parecen demasiado
a ti


la destripa
con los dedos
como si arañara
el interior
de un melón vacío


no sé si mi madre está
asustada o enamorada
de mi padre
todo me parece lo mismo


hay tristeza
viviendo en partes de ti
en las que la tristeza no debería vivir



→ Fragmentos de Otras maneras de usar la boca de Rupi Kaur

Ojos que no ven, corazón que no siente + #LeoAutorasOct

El viernes cerré un capítulo. Di un paso más para alejarme de lo que no me gusta, de lo que no me representa y de lo que me asquea del mundo blogger romántico. En el fondo sentí un poco de pena, no por poner distancia, sino porque fue evidente una vez más que lo que hice en su momento no ha sido valorado, todo lo contrario, a la larga ha sido ninguneado y, para colmo, se han beneficiado otras personas. Así que perdonadme si ahora mismo no tengo ningunas ganas de reseñar ni una sola novela romántica más. Es tanta la decepción que siento dentro, me han dolido tanto ciertas cosas... que la única salida posible era coger definitivamente otro camino. Un camino más solitario, lo sé, pero mucho más gratificante. ¿Sabéis lo peor? Que sé que hay varias personas que piensan exactamente igual y siguen formando parte de esa pantomima. También hay un reducido grupo que dice bien claro lo que siente y piensa al respecto, aunque no sirva para absolutamente nada —yo ya lo tengo asumido—, aunque las señalen con el dedo. Pero levantan la voz, no se achantan e intentan poner su granito de arena para que las cosas cambien. 

Gracias Lidia, por no saber callarte, por decir bien alto lo que muchas pensamos, por enseñarme tanto de la vida. Gracias Anita, por ser mi maestra Jedi, por hacerme ver que había un camino paralelo mucho más luminoso que el que yo seguía. Gracias Cris, por tu sensatez, por dejarme un asiento a tu lado para ver los toros desde la barrera y por compartir esa bolsa de palomitas conmigo. Gracias a las tres por darme alas cuando pienso que ya no puedo volar, que ya no merece la pena hacerlo.


No he visto mejor manera de seguir mi camino con ilusión que unirme a la iniciativa #LeoAutorasOct. Una iniciativa que empezó a funcionar el año pasado con el fin de dar visibilidad a escritoras. Tengo tantos pendientes que no sabía que libros elegir, al final he escogido estos seis títulos: Tres autoras españolas y tres extranjeras. No creo que pueda leerlos todos durante el mes de octubre, pero sí me gustaría hacerlo antes de que termine el año y contaros que me han parecido, al menos lo que me dejen huella, que estoy segura que habrá más de uno.

Una de las dos Españas ha de helarte el corazón


Ya hay un español que quiere 
vivir y a vivir empieza, 
entre una España que muere 
y otra España que bosteza. 
Españolito que vienes 
al mundo te guarde Dios. 
Una de las dos Españas 
ha de helarte el corazón. 
· Antonio Machado ·


Hace poco más de una semana terminé de leer El corazón helado de Almudena Grandes e inmediatamente empecé a escribir en folios de libreta sueltos todo lo que me atenazaba por dentro. Escribí sobre la historia que Almudena había tejido como una tela de araña en mi corazón y, sobre todo, escribí sobre F. Rescaté piezas viejas e incluí algunas nuevas en ese puzzle imposible y emocionante que es F para mí, intentando acercarme a lo que realmente fue. Para conocerlo, para entenderlo, para sentirlo cerca y mío. Más mío de lo que ya lo siento.
Releí El jinete de bronce de Paullina Simons y la sensación fue todavía más inmensa que la primera vez, saber más y mejor sobre los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial la hizo todavía más especial y más grande. Sigue siendo mi favorita de todas las historias de amor que he leído y que posiblemente leeré. Una vez más, todos esos folios de libreta terminaron en un cajón, al igual que F. Han pasado más de setenta años, me puedes esperar un poquito más, ¿verdad? Imaginé su sonrisa y esos hoyuelos que dicen que tenía y que tristemente sólo ha heredado mi primo. Hice la maleta para un viaje relámpago que me hizo bien pero también me demostró que estoy demasiado lejos y que el Ave no es suficientemente rápido cuando estás asustada.

Volví dos días después menos asustada pero con el nudo en el pecho más prieto, que se ha ido aflojando con el paso de los días y con las risas enlatadas que he escuchado al otro lado del teléfono. Deshacer la maleta nunca ha sido uno de mis fuertes, estuvo varios días en un rincón de la habitación para no sentir que hacía demasiado que me había ido de casa, algo absurdo que hago desde que conocí a Mr. Brandon, pero deshacer la maleta hace más tangible que ya estoy aquí, que vuelvo a estar lejos. Lo que sí hice la primera noche es sacar de dentro una cajita metálica llena de cartas de F. Una caja que vi por primera vez cuando era una niña y que pude abrir con lágrimas en los ojos hace solo tres años. Cartas desde Santander, desde Madrid, desde algún punto de Alemania y desde la fría Rusia. Cartas llenas de planes futuros, de soledad y de amor. Mucho amor. Cartas llenas de una tristeza que traspasa el papel y te encoge el corazón. Dolor puro y duro. Sin consuelo. Esa clase de dolor que mis ojos de niña no supieron catalogar en su momento y, que ahora, veo tan claramente que me parte el alma en dos.

Las siguientes noches empecé a leer Oona y Salinger de Frédéric Beigbeder, por ser una historia curiosa sobre J.D. Salinger —autor de El guardián entre en centeno— y de Oona O'Neill —hija del dramaturgo Eugene O'Neill y mujer de Charlie Chaplin— sin ser consciente que estaba ante otra historia con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo. A veces parece que todo esté conectado, ¿verdad?

Con el paso de los días he dejado de verle el sentido a escribir sobre El corazón helado, soy de las que prefieren escribir en caliente, cuando tienes los sentimientos a flor de piel y a mi entender salen las cosas más viscerales, en mi caso, incluso las más sentidas. Hoy sentarme a hablar de Álvaro y Raquel, o del maravilloso Ignacio... me queda grande. Siento que no lo haré bien y la historia no lo merece. Quizá algún día pueda hacerlo con las mismas ganas que tenía hace unos días y pueda también hablar libremente de F. Ojalá algún día pueda venir a decir quién es F, ese valiente y cabezota andaluz que cantaba tangos a sus compañeros cuando las cosas se ponían chungas en el frente. Ese que nunca volvió a casa y que una mujer maravillosa estuvo echando de menos durante toda su vida. Hasta el último suspiro, literalmente.

Pero hoy... hoy leo relatos de Salinger e historias bonitas de amor como la última de Abril Camino, mientras a ratos sigo mirando dentro de la cajita metálica y escucho Photograph de Ed Sheeran en bucle, una canción que últimamente me hace pensar mucho en #lamujermaravillosa y en F. Le he puesto tantas canciones a su historia en los últimos veinte años que podría llenar un disco completo.

What about love?

El mundo se nos está yendo a la mierda.

Me cuesta borrar de mi cabeza las imágenes de Barcelona, mi querida Barcelona, la ciudad dónde nací, crecí y fui feliz. Tampoco puedo borrar de mi cabeza el montón de mensajes que he leído estos días en las redes sociales y que me han puesto los pelos de punta. Mensajes intolerantes, racistas, pagando justos por pecadores. ¿De verdad vamos a culpar a todos por lo que hace un grupo de desalmados? ¿Vamos a caer en el mismo odio que ellos? ¿Vamos a meter a todos en el mismo saco por su procedencia o religión? Mensajes llenos de odio, de bromas macabras porque el atentado hubiera sido en Barcelona, siempre amparados por el anonimato que les brinda, por ejemplo, Twitter. Valientes gilipollas. ¿De verdad odiáis tanto a los catalanes? ¿De verdad importa que hablemos en catalán o castellano? ¿De verdad toda esa mierda es importante en un momento así? ¿En serio?

No sé qué futuro nos espera, no sé qué futuro les espera a nuestros hijos, a nuestros sobrinos, a futuras generaciones... Pero a mí me da miedo, mucho miedo. Quiero un mundo donde mis hijos puedan salir a la calle sin miedo a que alguien les arrebate la vida. Quiero un mundo donde puedan amar libremente, sea al sexo que sea sin ser señalados. Un mundo en el que puedan decir orgullosos de dónde son y nadie —y menos de su propio país— les diga algo fuera de lugar. Un mundo donde disfrutar y aprender de la diversidad cultural y no rechazar o juzgar tan alegremente. Un mundo más tolerante, más amable y más acogedor. Un mundo para todos, seas de dónde seas, creas en lo que creas y sientas lo que sientas. Un mundo justo. 

Pero hoy... Hoy, desde la rabia y la tristeza que siento, permitidme que diga que el mundo se nos está yendo a la mierda.

#Prayfortheworld

QUÉ HACER CUANDO EN LA PANTALLA APARECE THE END, de Paula Bonet


Finales que llegan repentinamente, sin avisar, que nos parten en dos mitades. Finales que se arrastran durante años y que nunca se acaban porque confunden orgullo con recuerdo...


Desaparecí unos días. Era lo que me pedía a gritos mi corazón. Zafón en El juego del ángel decía que los corazones solo se pueden romper una vez, el resto son rasguños. ¿Pero cuántos rasguños es capaz de soportar un mismo corazón? Eso nadie lo dice, eso... eso lo vives. Yo, ilusa de mí, pensaba que había cubierto el cupo decepciones. Pensaba que ya nadie me decepcionaría tanto como para dolerme el corazón como si me clavaran algo justo en el centro. Qué equivocada estaba. Qué mierda tan grande es querer a alguien. Más mierda incluso cuando esa persona te hace daño gratuitamente, quizá sin pretenderlo, quizá sin pensar en lo que estaba haciendo, quizá sin calibrar las consecuencias de sus actos... 

Desaparecí unos días porque necesitaba cuidarme (y curarme). E inconscientemente empecé a leer sobre finales, (quizá) porque sentí que dentro de mí se había roto algo. Algo que ya no encajaría como antes, aunque lo untara con el pegamento más fuerte. Algo que ya no tenía arreglo. Empecé a leer sobre finales porque quería saber cómo dejar de sentirme como una mierda. Quería saber como salir a flote de nuevo, como arrancarme la pena de cuajo, como... como seguir después de ver el jodido The End en blanco sobre fondo negro. Las decepciones pesan más que el cemento y llegué a pensar que con esta ya no podría. Una vez más la sensación de abandono me engullía, esa sensación que ya tengo pegada como una segunda piel.

Cogí de la estantería el primer libro de Paula Bonet, Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End, uno de los libros que me regaló Mr. Brandon para nuestro quinto aniversario, hace un par de años. No lo había leído todavía, solo lo había tenido en mis manos un par de veces para echarle un vistazo a las ilustraciones. Quiero pensar que estaba esperando su momento propicio, pero no quería que fuese pura necesidad leerlo. Y lo ha sido.






Finales. Finales inesperados que te rompen por dentro, de los que cuesta reponerse, de los que cuesta desprenderse. Finales que sabes que llegarán algún día, en algún momento, y no por ello duelen menos aunque los hayas arrastrado como un lastre durante mucho tiempo. Finales.

Leyendo el libro de Paula me he perdonado. Me he perdonado por las veces que no estuve (ni estoy) a la altura, que seguramente fueron muchas. Veces en las que posiblemente se esperaba mucho más de mí y yo me di a medias, o a gotas. Me he perdonado por esas otras veces en las que me quedé vacía. Veces en las que di a manos llenas a quién no lo merecía.

Head up, love

Hoy hace un año que hice las maletas para marcharme de casa. Un año desde que me despedí de mi gente, desde que mi abuelo me dejó con un maletón de doce kilos en la estación Joaquín Sorolla de Valencia. Recordar las lágrimas de mi abuela me sigue partiendo el corazón, sé qué es una imagen que voy a tener presente toda mi vida. Días antes pensé que no sería capaz, hubo momentos en los que estuve a un paso de decirle a Mr. Brandon "No puedo". No sé como fui capaz de subirme a ese tren tan rota como me sentía.

Ha sido un año fácil... y difícil a la vez. Fácil porque me amoldé estupendamente a nuestro piso, a nuestra vida en común y a estar lejos de casa, aunque todavía me parezca increíble esto último. Difícil porque si me paraba a pensarlo fríamente la realidad es que estaba completamente sola. Sería muy romántico decir que una persona es capaz de llenarlo todo, pero no es así, todavía te quedan vacíos. Muchas veces durante este tiempo he necesitado un abrazo de mi abuela, una charla en un banco del parque con mi tía o ver una peli de dibujos con mi prima. Más de una vez he pensado "¿Qué cojones haces aquí? En un sitio tan lejos del mar, con un clima que no soportas, lejos de todo lo que sientes tuyo...". Y no es porque piense que me equivoqué en la decisión de mudarme, todo lo contrario, tomé la decisión correcta, pero hay momentos en los que creo que es imposible no ahogarse y no añorar el olor a hogar. 

La llegada de Luca fue una bendición, siempre digo que me da media vida porque realmente me la da. Era tan pequeñito cuando llegó a mis manos que ha vivido prácticamente todo este cambio conmigo y ha convertido los malos momentos en momentos más llevaderos. Ha llenado algunos de esos vacíos de los que hablaba antes. Y ahora, escribiendo esto me doy cuenta que Mr. Brandon trajo a Luca a mi vida, quizá sabiendo que había huecos que él solo no sería capaz de llenar.

Soy feliz aquí, me gusta salir a pasear por las calles cuando el sol me da en la cara, me gusta tener mi propio piso aunque sea de alquiler, disfruto experimentando en la cocina y comprando cosillas para decorar el piso. Me encanta coger el cercanías, pasear por las calles céntricas de Alcalá y perderme horas enteras en librerías. Disfruto de las visitas a Madrid descubriendo nuevos rincones. Me alivia tener a Mr. Brandon, por fin, conmigo. Pero el agujero en el pecho sigue ahí.

Hace unos días estuve en casa y sucedió de nuevo algo que ya había experimentado en mis últimas visitas. Sentí que aquella ya no era mi vida, mi vida está aquí aunque sienta este agujero en el pecho y piense en todo lo que me estoy perdiendo... y no recuperaré nunca. 

Lo que el primer semestre me ha dejado

Llevaba días pensando en hacer una entrada hablando de las mejores novelas que he leído en esta primera mitad del 2017. Y por casualidades de la vida caí en algunos vídeos de youtube del tag Mid year book freak out, principalmente me decidí a hacer esta entrada después de ver el vídeo de Magrat Ajostiernos, un canal que si no conocéis os estáis perdiendo la canela fina de los youtubers. El tag no lo he seguido a rajatabla, lo he hecho un poco a mi gusto.


MEJOR LIBRO. Nada se opone a la noche no es que sea el mejor libro que he leído en lo que llevamos del 2017. Es que es uno de los mejores libros que he leído en mi vida. ¿Sabéis esa sensación cuando leéis un libro y sois conscientes de que os va a acompañar siempre? ¿Esa certeza de que un libro ya forma parte de esa lista de los libros de vuestra vida?
La historia es dura y sobrecogedora, la autora habla de su familia, de su madre y de ella misma, algo que me parece inmensamente valiente. Yo, como lectora y como hija, sentí una conexión especial con Delphine. Leerla fue catártico y liberador. Sus palabras fueron como tiritas en esas heridas invisibles que tanto duelen y que todos tenemos en alguna parte de nuestra piel.

Leí este libro en enero y sigo teniendo la necesidad de leer todo, absolutamente todo lo que ha escrito Delphine de Vigan.



MAYOR DECEPCIÓN. Elísabet Benavent ya no me toca la patata como lo hacía al principio, esa es la realidad. Nunca voy a decir que una novela suya es mala porque no lo es, me encanta como escribe, su manera de transmitir al lector los sentimientos de sus personajes y dudo que eso cambie, lo que no me gustó fue la historia que nos quiso contar en La magia de ser Sofía. Igual que tampoco me convención la de Mi isla el año pasado. 
¿Es su historia más realista y cotidiana? Pues sí. ¿Sofía es maravillosa? Pues también. Pero Héctor no me gustó, el desarrollo de la historia tampoco y La magia de ser nosotros, la segunda parte de la bilogía, ya fue demasiado para el cuerpo, por lo menos para el mío. Leí el final de la historia de Sofía y Héctor en diagonal y llena de desencanto.

A día de hoy sigo con el regustillo amargo. A ver con qué nos sorprende Beta la próxima vez... 


MAYOR SORPRESA. Quizá porque no esperaba demasiado disfruté tanto de Una historia de Bollywood de Sonali Dev. No es una novela ni una autora a la que se le haya dado demasiado bombo, por no decir que nada, así que cuando leí la sinopsis me lancé de cabeza. Me parecía interesante leer una novela romántica ambientada en la India y en Bollywood.

La historia es fresca, divertida y dulce. Los protagonistas son completamente achuchables y los secundarios entrañables. Es como ver en la tele una comedia romántica, pero de las buenas, de las que te hacen sonreír y creer un poquito más en el amor. Una historia sencilla pero llena de frescura. Sé que repetiré con la autora, sin ir más lejos tengo el segundo libro de su serie de Bollywood ya en la recámara: Una novia de Bollywood. Ojalá la disfrute tanto como la primera y pueda venir a deciros que nos os la podéis perder.



LIBRO QUE ME HIZO LLORAR. Os he contado varias veces lo mucho que me afecta personalmente leer sobre la II Guerra Mundial. Son historias que me dejan hecha polvo y, sin embargo, no puedo dejar de leerlas. Leo cualquier libro que cae en mis manos sobre este tema, aunque sea ficción. Veo documentales, leo cómics... siento que nunca sé lo suficiente. Sé que nunca sabré lo suficiente y nada aliviará la espina que tengo clavada.

La historia de Isabelle y Vianne me rompió el corazón de mil formas. Kristin Hannah nos relata en El ruiseñor como fue la vida de las mujeres en la Francia ocupada por los nazis. Creo que disfruté especialmente de esta historia precisamente por eso, porque hablaba de las mujeres. De ellas, de las que se quedaron en casa esperando a la persona amada, de las que lucharon fuera del campo de batalla, porque también fue una lucha a vida o muerte. Porque también fueron valientes. Una joya de libro.


LIBRO QUE ME HIZO FELIZ. No he tenido ni que pensar la respuesta: ¡Piratas! 
Disfruté como una enana con esta historia de Laura Esparza. La leí con la sonrisa permanente en la cara, desde la primera línea hasta la última y creo que con eso ya os digo mucho.

La historia de la intrépida Billie y el temible capitán Blackhawk es disfrutar, con todas las letras. Fue como ver una de esas pelis que tanto me gustaban de niña —y que ahora sigo viendo con la sonrisa boba en la cara, llena de añoranza— como La princesa prometida Willow.

Laura es un soplo de aire fresco entre tanta novela romántica clonada. Es calidad, es originalidad y es frescura. Para mí, es una apuesta segura (y un saco de sonrisas de regalo).




LIBRO ADQUIRIDO MÁS BONITO. Cuando nadie mira de Alejandra G. Remón es el libro más bonito que ha caído en mis manos en lo que llevamos de año. Es igual de bonito por dentro que por fuera.

La portada es simplemente preciosa, elegante, sencilla, delicada. Pero el interior es lo que realmente me llamó la atención. Hay escritos de la autora, algunos a mí personalmente me han llegado más que otros, pero todos merecen la pena, todos te hacen reflexionar y pensar en tu propia vida. También está lleno de fotografías, fotografías a las que podeis echar un ojo —si no a todas, a la mayoría— en la cuenta de Instagram de Alejandra. ¿Son o no son bonitas? A mí me encantaron desde el primer momento y cuando tuve ocasión de hacerme con el libro ni me lo pensé. Creo que es uno de esos libros ideales para regalar.



NUEVO AUTOR FAVORITO. Este punto lo tengo clarísimo y con lo mucho que he dado la matraca por Instagram, no os va a sorprender nada: Rosa Montero.

Que nadie se asuste, sabía quién era Rosa Montero y tenía un par de títulos apuntados desde hacía años, pero hasta hace un mes no había leído nada suyo. La ridícula idea de no volver a verte fue una lectura fantástica (este libro también va a la lista de libros de mi vida). De Rosa no solo me gusta su manera de escribir, lo que realmente me gusta es que leerla es aprender. Aprender de literatura, de historia y de vida, sobre todo, de vida.

Me encanta como piensa, como se abre en canal, como deja una parte de sí misma, de sus vivencias, en cada uno de sus libros. De Rosa Montero leería hasta la lista de la compra.


ÚLTIMO LIBRO LEÍDO. El último libro que leí en el mes de junio fue Ya nada es igual de Lisa de Jong. Un libro que llevaba esperando desde hacía meses, en teoría iba a salir en febrero y al final salió a la venta a mediados de junio.

Supongo que muchas nos lanzamos como locas esperando algo parecido a Cada vez que llueve, la primera novela de la serie, y no fue el caso. Cada vez que llueve tenía mucha intensidad y una historia desgarradora, pocas veces he llorado tanto con un libro. En cambio, en Ya nada es igual encontramos una historia más sencilla, un New Adult que no destaca en nada, que no tiene nada que lo haga resaltar al lado de otras historias del género. No fue una decepción, pero sí esperaba una historia con más miga y con más emoción.


 

NOVEDAD QUE QUIERES LEER. Esta es una pregunta trampa, porque ¿cómo le preguntas a un lector empedernido qué novedades quiere leer? Si empiezo con mi lista no termino. Pero si tengo que elegir una es Caótica Jimena de Neïra.

Sé que los que me seguís desde hace mucho tiempo estáis esperando mi opinión como agua de mayo. Sé que es raro que no haya llegado ya mi reseña con Miss Caffeina sonando a todo trapo. Pero llegará, no sé cuando, pero lo hará.

Dentro de poco hará dos años que os hablé de Oli y Mario, del descubrimiento tan maravilloso que fue para mí Neïra. Quizá sea bonito hablaros de Jimena y Bruno en ese aniversario. Justo ese día...



Espero que no pase otro mes entero sin pasarme por aquí, pero por si las moscas deciros que estoy mucho más activa en Goodreads e Instagram. Allí nos vemos.



LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE, de Rosa Montero


Pero no te recuperas nunca, ése es el error: uno no se recupera, uno se reinventa...


Soy una superficial de narices, la primera vez que me llamó la atención este libro fue cuando salió publicado hace unos cuatro años, y no fue por su sinopsis, fue por lo bonita que era la portada y lo precioso que era el título. En mi defensa diré que es una autora que tenía apuntadísima por su novela Historia del rey transparente. La cuestión es que hasta hace unos días no había leído nada de Rosa Montero, ni siquiera sus artículos de El País, pero sabía que si tenía que empezar con alguno de sus libros, ese era La ridícula idea de no volver a verte, un libro que le gustó mucho a mi amiga Elena.

El título es precioso, pero cuando descubres el por qué de ese título te lo parece todavía más, encierra todo un mundo de sentimientos. Porque aunque Rosa dice que este no es un libro que trate sobre la muerte y el duelo, la realidad es que habla de la muerte, del duelo, del amor, de feminismo y de muchas más cosas. Pero, sobre todo, de Marie Curie, una mujer fascinante, una científica que ganó dos premios Nobel, uno de ellos junto a su esposo Pierre.

Para mí los grandes logros de Madame Curie no eran desconocidos, los conocí gracias a un trabajo que tuve que hacer en el colegio. No recuerdo con exactitud cuantos años tenía, pero serían unos 9 o 10, fue en plena EGB, todavía vivía en Barcelona y guardo algunas imágenes en la cabeza de la tarde que hice ese trabajo para Ciencias Naturales en casa de mis abuelos. Recuerdo que en la portada dibujé a Marie, a una Marie ya mayor, con el pelo cano. Una Marie que ya había sufrido la dolorosa pérdida de Pierre, una Marie que ya había escrito aquel emotivo diario sobre su duelo. Aunque esto último yo por aquel entonces todavía no lo sabía, Rosa Montero me ha regalado todo lo demás, todo el universo Curie de una manera de lo más especial. Especial y sentida al mismo tiempo, por su forma de contarte la vida de Marie entretejiéndola con la suya propia. Ese dolor compartido por la pérdida prematura del compañero de vida, ese duelo que parece que nunca va terminar y el posterior vacío que ya no es capaz de llenarse con nada. Sólo puedes seguir adelante, reinventarte, como dice Rosa, porque hay golpes en la vida de los que nunca te recuperas. Es imposible.

Lo que supuso para Marie la muerte de su adorado Pierre es la esencia de este libro, pero no es lo único que Rosa nos hace llegar con sus palabras. También nos descubre a Marie cuando simplemente era una niña. Una niña con sueños demasiados grandes que un día pensó que jamás podrían cumplirse. Hasta  llegar a la madurez, a la vida con Pierre, a su papel como esposa, como madre, como científica y sobre todo, como mujer. Lo duro que fue ser mujer en un mundo de hombres, dónde en todo momento quisieron restarle valía. Pero no pudieron con la grandeza de Marie, ya os lo digo.

Leer a Rosa Montero es aprender. Pocas, muy pocas veces he quedado tan satisfecha al terminar un libro. Terminé La ridícula idea de no volver a verte sintiendo que sabía un poco más de la vida, puede sonar descabellado, pero realmente sentí que Rosa me había proporcionado un grado de madurez un poco más alto. Me hizo pensar en mi propia vida, en mis propias pérdidas, en mi entorno, en lo que quiero para mí, pero sobre todo, en lo que no quiero bajo ningún concepto. Me llenó una hoja de libreta de títulos de libros que quiero leer —llevo Nada de Carmen Laforet en danza, después de casi diez años criando polvo en la estantería—, de frases que siempre irán conmigo a donde quiera que vaya, de conocimientos que me han hecho de alguna manera crecer interiormente.

Seguro que si os digo que mi andadura con Rosa no se quedó aquí no os sorprenderá. Enlacé el final de este libro con la lectura de su última novela, La carne. Quería probar con la Rosa novelista y no me decepcionó en absoluto. Volvió a demostrarme que leerla es garantía de calidad, de aprendizaje y de nuevas lecturas. Un par de días después me compré dos libros más suyos en Amazon, y cuando llegó el fin de semana otros dos en una librería de segunda mano. Os digo, sin temor a equivocarme, que Rosa Montero va a ser una de las escritoras de mi vida.

Hoy no termino la entrada con una canción porque le veo mucho más sentido dejaros este trailer. Es el trailer de una película que se estrenó hace unas semanas sobre Marie Curie. Desconozco la calidad de la misma, todavía no he tenido ocasión de verla, pero creo que una imagen a veces vale más que mil palabras y al visualizar este minuto escaso de imágenes realmente vi a Marie, a la Marie que yo conocí gracias a Rosa. A la Marie mujer, a la Marie más humana, a la Marie más rota y, a la vez, más luchadora.

Cada vez estoy más cerca de estar más lejos de mí

Los últimos meses han sido de idas y venidas. De entradas que supongo que no todo el mundo ha entendido. De hoy estoy aquí, pero mañana ya no. De semanas en blanco. Hoy sé que me perdí por el camino, y posiblemente, sea culpa mía. 

Empecé este blog con ganas e ilusión, y con el tiempo todo se ha ido por el desagüe casi sin darme cuenta. Cuando llegué aquí disfrutaba leyendo y me apetecía compartir con quién quisiera lo que sentía con esas lecturas. Pero he acabado llena de decepción y desencanto, manteniendo activo un blog que sigue con vida por inercia y medio arrastras. Y eso no es bueno. Tampoco lo es que me duela algo que tanto bien me hacía al principio. Ni que sienta que cada vez estoy más cerca de ser menos fiel a mí misma. No es que hoy sentada delante del teclado vea las cosas de manera diferente. No, no es eso. Sigo decepcionada y sigo dolida con algunas cosas que han pasado estos últimos meses, pero algo en mí ha cambiado.

Enrique Bunbury cantaba con Héroes del silencio "todo arde si le aplicas la chispa adecuada", creo firmemente que he conseguido dar con esa chispa que hace que esto siga funcionando de manera sana. He encontrado mi camino, el camino del que nunca tendría que haberme desviado. Pero a veces me pueden las ganas y me pierden mis convicciones, y he tardado un poco en darme cuenta que estaba librando una batalla que no era mía. Por mucho que hable (hablemos) en voz alta nada va a cambiar. Absolutamente nada. Y yo... yo he decidido centrarme en lo que realmente importa y olvidar el resto.

Lo único que no se ha quedado por el camino han sido mis ganas de escribir. Rosa Montero me las ha devuelto en tropel. Tengo muchas ganas de hablaros de lo que he sentido leyéndola, de lo mucho que me ha aportado y de lo loca me he vuelto comprando libros suyos hasta de segunda mano. También me ha hecho ver que si esto algún día se va definitivamente a la mierda me seguirá quedando lo más importante: ese pequeño grupo de personas unidas por un hilo invisible gracias a los libros. 

 

¡PIRATAS!, de Laura Esparza


Nuestros caminos volverán a cruzarse, Billie. No permitáis que quiebren vuestro espíritu...



Una sonrisa de oreja a oreja, eso es lo que me ha provocado Laura Esparza con sus ¡Piratas! Y no sólo al final de la historia, he mantenido mi sonrisa desde la primera línea hasta la última. Me ha recordado esa sensación que tenía de niña cuando veía en televisión Hook, Willow o La princesa prometida. Esa misma ilusión, esa misma sonrisa ingenua, natural y pura. No es que ¡Piratas! sea un cuento, ni mucho menos, pero es tan divertida, tan fresca, tan original y tan entrañable que me he sentido como la niña que un día fui. Me he reencontrado con aquella Mónica a la que le hacían los ojos chiribitas cuando aparecía en la pantalla el gran capitán James Garfio. En realidad era Dustin Hoffman con pelucón, pero en aquella época ya adoraba a los malos de los cuentos —brujas everywhere—. Todavía no existían los Jack Sparrow, ni los vampiros que brillaban con el sol como un gusiluz.

Con esa ilusión de la que os hablaba, he seguido las peripecias de Billie —para mí siempre será Billie—, sus ansías de aventura, de libertad y esa fascinación por los piratas que trae de cabeza a su padre, el gobernador de Jamaica. Ella no quiere la vida que le espera, no quiere casarse con ninguno de esos pretendientes pomposos, quiere poder elegir, quiere vivir su propia vida. Una vida monótona y aburrida que dará un giro inesperado cuando caiga en las manos del temible capitán Blackhawk. La señorita Wilhelmina Nightingale (Billie) es la llave de su libertad y Blackhawk no piensa desviarse ni un ápice de la misión que tiene entre manos. Aunque claro, no contaba con que su prisionera fuera tan valiente, tan divertida, tan audaz... tan preciosa. En las aguas del mar Caribe lucharán por el futuro que tanto anhelan y nos regalarán aventura, risas, pasión, amistad, batallas al más puro estilo pirata y amor. Mucho amor.

La pluma de Laura Esparza no era desconocida para mí, ya leí en su momento su primera novela A contrarreloj y lo pasé pipa. Cómo dije, sólo me faltaron las palomitas, el chocolate y el regaliz rojo. Después de leer ¡Piratas! he sentido que Laura con sus historias hace que no pierda del todo la fe en la (buena) novela romántica. Ya sabéis que estoy un poco desencantada y en mi última entrada os conté el motivo. Pero al terminar la historia de Billie me ha quedado más claro que nunca que para llegar al lector no sólo tienes que tener una buena historia entre manos, sino ser también una buena narradora, aportar algo nuevo y fresco. Y, como dice la sinopsis, a veces, las grandes historias de amor son aquellas que dan comienzo con un sencillo: «Érase una vez…». No hacen falta grandes fuegos artificiales. Y para mí, la historia de Billie y Blackhawk, es una gran historia de amor.

Gracias, Laura. Gracias por no dejar a la intrépida Billie en un cajón.

Crash. Cuando todavía buscas algo más extraordinario

Supongo que algunos pensaréis "Ha vuelto, pero ya no reseña" y es cierto, volví y desde entonces sólo he escrito un puñado de entradas y entre ellas, únicamente una reseña. No es que haya perdido las ganas, o al menos, no del todo, es simplemente que cuando tomé la decisión de volver me hice una lista de las cosas que no haría de nuevo y uno de los puntos de esa lista era: Escribiré sólo cuando me apetezca y de lo que me apetezca. Y lo estoy cumpliendo a rajatabla.

Hoy no tenía previsto escribir nada, pero en los últimos días me he pegado un atracón de romántica de esos que me gusta darme cuando necesito evadirme, y después de poner mis valoraciones en Goodreads recordé una conversación que tuve hace unos días con Lidia. Yo le decía que para mí la romántica ha terminado siendo esa clase de literatura que utilizo para evadirme, para no pensar en nada y ya está. Y posiblemente esa sea la función de muchas autoras, incluso de muchas lectoras, entretener y ser entretenidas, sin más pretensiones y es genial, a veces se necesita algo así, pero a mí la mayor parte de las veces ya no me basta. Hoy ya no me basta. Cuando termino una novela romántica el 90% de las veces pienso con cierta pena "todavía busco algo más extraordinario". La frase no es mía, es la frase memorable que le decía Bridget Jones a Daniel Cleaver en un momento cumbre, y que yo con dieciocho tiernos años ya no la olvidé. Cómo tampoco olvidé la difícil tarea de encontrar a mi particular Mark Darcy, ese que me quisiera tal y como era. Pero volviendo al tema de la novela romántica y dejando de lado a aquella Mónica canija, hace muchos años que leo este género y ahora, con treinta y dos años me doy cuenta de lo que realmente me gusta de él. Me gusta sentir, me gusta emocionarme y me gusta que me estruje el corazón. ¿Cuál es el problema? Que estoy cansada de leer la misma historia una y otra vez, que la originalidad cada vez brille más por su ausencia y que parezca que cualquiera se puede sentar delante de un teclado y escribir una historia. Esto no pasaba antes. ¿Soy la única que siente que el género está de capa caída? Cómo lectora de romántica quiero que la historia traspase el papel y se me pegue en la piel, quiero sentir en mi carne lo que sienten los protagonistas y que la emoción me reviente el pecho. Quizá pido demasiado, quizá además de kamikaze lectora tenga que empezar a describirme como lectora romántica encabronada y exigente. Pero cada vez que entro en Goodreads y veo las tropecientas estrellas que tienen novelas que a mí me han dejado totalmente fría pienso "o tienes el corazón muy negro o el morro demasiado fino" —también se me pasa por la cabeza lo parda que la están liando las editoriales, pero eso ya es otro tema en el que no voy a entrar porque prefiero seguir fingiendo que vivo en el mundo (blogger) de la piruleta y que todo me resbala como si me hubiera untado en mantequilla—.  He llegado a un punto que no necesito sólo una buena novela, necesito que la autora con sus palabras sea capaz de hacérmela llegar, de hacérmela sentir y que cuando vea la palabra FIN sienta cierta tristeza al despedirme de sus protagonistas. Llegar a sentirlos cercanos, reales, de carne y hueso. 

Supongo que hoy me he levantado profunda, reflexiva y tocapelotas, y necesitaba decir en voz alta lo que se me pasa por la cabeza, o por lo menos una parte, quizá con el fin de no sentirme la perra verde del reino. Tenía intención de hacer una entrada hablando de un porrón de novelas románticas que he leído últimamente, a ver si saco tiempo (y ganas) y os la traigo. ¿Os gustaría?

Esta vez voy a ser muy obvia con la canción del final del post y voy a poner a Zahara, ya que estoy leyendo su novela Trabajo, piso, pareja. Y también porque Crash es lo que hace mi pobre corazón cuando termino de leer otra novela romántica clonada. Otra más. No sé si el Crash es de pena o de mosqueo, todavía estoy meditándolo...

Madrid, 12 de mayo


El pasado viernes tuve el placer de asistir a la presentación de El último baile de Marisa Sicilia en Madrid. Nunca había estado en ninguna presentación, así que llegué a la librería La Sombra con mucha ilusión... y sudando la gota gorda porque tuve que pegarme una buena carrera desde Callao hasta Atocha.

Estar allí fue maravilloso por muchas razones, principalmente porque lo prepararon todo demasiado bonito. Si no habéis leído la historia de Lili y Andreas, os diré que el final del primer capítulo es de los que te estrujan el corazón. Es un principio que en realidad es un final, y poder tener la oportunidad de escuchar ese fragmento, fue... ¡emocionante! Tuve que mirar al suelo para no parecer la más pánfila de toda la presentación. Fue un acierto total esos pequeños fragmentos de la historia en grabaciones, acompañados de una selección musical deliciosa. La banda sonora perfecta. Fue un auténtico placer escuchar a Marisa, sólo viendo su sonrisa transmite tanto que es imposible que salgas de allí sin ganas de leer su historia. Ella, junto a Lidia de Cielos de papel, le pusieron todo el cariño del mundo y eso se notó, desprendieron complicidad y, sobre todo, amor por la historia de Lili y Andreas. A mí se me pasó en un suspiro, me quedé con ganas de mucho más. Me quedé con ganas de volver a sumergirme en El último baile.

Marisa Sicilia fue de las primeras autoras que reseñé en el blog. En general he tenido buenas experiencias con autoras, siempre han recibido bien mis reseñas, fueran positivas o un poquito más críticas, pero si hay alguien que me ha sorprendido, esa es Marisa. El primer libro que leí suyo me gustó, pero no me llegó como esperaba que lo hiciera y a pesar de mi reseña —que no era maravillosa, ni siquiera en contenido, de las peores que he escrito, ¡un horror!— me escribió un email para darme las gracias, y yo nunca olvidé ese detalle, porque considero que dice mucho de ella como escritora pero, sobre todo, como persona. 

Estos años he seguido leyéndola, unas historias me han gustado más, otras un poco menos, pero lo que es indudable es que Marisa posee una de las plumas más prometedoras de la romántica de nuestro país. Cada historia que escribe es diferente a la anterior, arriesga con sus protagonistas y escribe con una elegancia que conquista. Pero con El último baile ha superado todas mis expectativas, ya cuando el año pasado empezó a hablar de esta historia tuve la corazonada de me encantaría, que esta sí sería mí historia de Marisa —con permiso de Forajido, que me pareció un piscolabis de lo más dulce y tierno—. Y no me equivoqué porque con Lili y Andreas era demasiado fácil meterme en el bolsillo, era demasiado fácil dejarme huella, era la historia perfecta para mí. Un amor a lo largo del tiempo, un amor de idas y venidas, de los que son capaces de luchar contra el tiempo, la distancia y las adversidades. Una ambientación diferente, atractiva y absorbente. 

Siguiendo con la presentación, fue una tarde estupenda, no sólo por el placer de hablar de Lili y Andreas, sino también por conocer a Marisa —cariñosa a más no poder— y a Cris de Estantes de papel —fue verla, hablar dos frases con ella y sentir cosas bonicas— y volver a ver a Sandra de Mis romances encontrados y a mi Lidi. Lo único que siento es que mi timidez me coma a bocaos y no dar de mí todo lo que me gustaría de primeras. Ojalá no haya sido un chasco conocerme en persona.

La música perfecta para terminar esta entrada sería la que sonó en la presentación, pero eso no sería muy Miss Brandon, ¿verdad? Wings me pone siempre los pelos de punta y la letra es perfecta. Perfecta para Lili y su amor por Andreas. Un amor que a mí me ha dejado una huella imborrable.



PD. La madre de Marisa es encantadora y sus galletas, ¡riquísimas!

Just like magic


Llevaba desde finales del año pasado preparando una sección nueva. Quería hablaros de los blogs que me llenan, dedicar una entrada a cada uno de ellos, pero al final todo se quedó en una idea que al final, con mi marcha, no llevé a cabo. Pero esa idea seguía ahí, quería dároslas a conocer, a ELLAS, de las que os hablé en la primera entrada de la nueva era

El mundo de los blogs es un mundo infinito, dónde la originalidad brilla por su ausencia, sobre todo si hablamos de blogs dedicados a la literatura romántica. No sé a los demás, pero a mi no me aporta nada leer veinte reseñas del mismo libro el mismo día, entradas con el mismo formato, explotando las mismas ideas, los mismos diseños... Y sé que esto último es complicado, es complicado marcar la diferencia, ser genuino, porque siempre te copian ideas o directamente te copian texto, las hay muy rumbosas —por no decir muy sinvergüenzas—. Con el tiempo me he dado cuenta que en la sencillez está el éxito, que un blog limpio, sin demasiados adornos y con un buen contenido es lo único que hace falta. Lo importante no es que te sigan mil personas, lo importante es que las personas que te siguen te lean. Lo importante no es que te escriban cuarenta comentarios, lo importante es que los comentarios que te dejen tengan sentido —¿hay alguien en la sala que no esté del "Me lo apunto" (o cosas parecidas) hasta lo que rima con Logroño?—. Lo que quiero decir con todo esto, es que hay blogs chiquititos que llenan de vida y de magia el mundo de los blogs. Y ahí entran ELLAS.

Tengo que empezar con Lidia y sus cielos de papel. Caí en su blog de pura casualidad y me quedé, estuve muchísimo tiempo leyéndola en la sombra, me daba vergüenza que mis comentarios no estuvieran a la altura de sus reseñazas, pero al final di el paso y es lo mejor que he hecho desde que estoy aquí, porque en Lidia encontré a una compañera y a una amiga, sobre todo esto último. Se me llena la boca diciendo cosas bonitas de Lidia. En su blog no sólo encontraréis reseñas de los libros que va leyendo, hay entradas de puro debate y secciones como Entre bambalinas o Una imagen vale más... de las que yo me declaro fan número uno.

Reina entre las reinas, Ani de Ajuste de letras. Si hoy estoy aquí es por su culpa. Llegó a mi vida en forma de email dándome energía para aburrir y se ha quedado conmigo. Hemos compartido lecturas y vida. Ahora también escribe y su blog es canela fina, de lo mejor que os encontraréis. Leerla es simplemente un placer, le pone corazón, le pone pasión y le pone vida. Si en el mundo hubiera más Anitas, sería un mundo mejor. Sus reseñas son una pasada, no las puedo describir de otra manera. Eres grande, amigui.

María Ángeles de Una bloguera eventual es el buenrollismo hecho persona. Leerla siempre me transmite cosas bonicas, energía positiva... Leerla sin una sonrisa es imposible, porque es natural, espontánea... a mi siempre me deja una sensación de paz difícil de describir. Visualmente es de los mejores blogs que he visto, utiliza fotos propias, sencillas pero preciosas —sin farolillos de Ikea, ni Funkos—. Os diría que espero como loca sus reseñas de los jueves, pero mentiría, porque continuamente hago click para ver si hay algo nuevo. María Ángeles es molona hasta cuando habla de tazas.

Carol y sus mundos me engancharon desde el minuto uno. Recuerdo que la conocí porque me comentó aquellas reseñas en las que me empecé a despendolar —la primera bilogía de Neïra, por ejemplo— y al devolverle la visita me di cuenta de que ¡éramos mellizas! Si un libro no le gusta a Carol no lo toco ni con un palo, es curioso pero tenemos gustos afines al 99%, lo tengo comprobado. Las estrellas de Goodreads no engañan —imaginaos la voz del mayordomo ochentero del anuncio de Tenn—. Me encanta leerla porque es cercana, es cariñosa, es sencilla.

Lo de EMe y su Ágora ya es de otro planeta. ¿Os podéis creer que no hay ni una entrada suya que no me haya dejado flipada? No sé si le va a agradar que la defina así, pero a mí parece una valiente, no todo el mundo es capaz de sentarse delante del teclado y escribir entradas como las suyas. Entradas comprometidas por su amor a la romántica, entradas en las que habla no sólo de libros, sino del mundo editorial, de los lectores, de los blogs... El blog de EMe es necesario en este mundillo de postureo y gilipollismo supino, sólo os digo eso.

Cris y sus estantes de papel me conquistaron tarde, pero lo han hecho para siempre. Es una de las personas que se han cruzado en mi vida que más sabe de romántica, y sólo me hizo falta leer un par de libros con ella en un club de lectura de Facebook para darme cuenta. Su bagaje lector es garantía de calidad. Sus entradas tienen chicha, tienen contenido y tienen alma. Y lo único que siento es no comentarle tanto como me gustaría, pero es que la leo y pienso "¿qué narices puedo aportar yo a Cris?"

Sigo a más blogs que me encantan y me llenan, que me parece que son pura magia, pero principalmente quería hablaros de estos poquitos, quién sabe si algún día llega la entrada Just like magic volumen II... 

No quería terminar sin nombrar a Elena... Elena no tiene blog, pero para mí es como si lo tuviera, el sentimiento que tengo con ella es que es de la pandi. Sus comentarios han llenado de vida el blog y a mí de ganas. Gracias por estar a mi lado siempre, por tu cariño, tus palabras, por ser así de adorable.

EL SUEÑO IMPOSIBLE, de Paullina Simons


Si alguien me pregunta el título de uno de mis libros preferidos, mi primera respuesta sería El jinete de bronce. Hay más, por supuesto, pero esa novela de Paullina Simons que inicia su trilogía más famosa, sería el libro que posiblemente elegiría. Soy consciente de que hubo un antes y un después para mí como lectora a raíz de leer a Paullina Simons. Antes de ella había leído muy poca novela romántica, principalmente leía otro tipo de género, pero empezaba a adentrarme en una romántica que acabó atrapándome por completo. Tatiana, Aleksandr y, sobre todo, Paullina tuvieron gran parte de culpa.

Hoy quedan lejanas aquellas noches de otoño en las que no podía dejar de leer, las horas pasaban volando mientras sufría al lado de la dulce Tania. En aquel momento empezaba mi obsesión por leer todo lo que pudiera sobre la II Guerra Mundial, y tener la posibilidad de leer una historia de amor ambientada en esa época me partió el corazón más de lo que esperaba. Leer las últimas páginas fue duro, revolvió muchos sentimientos. Lloré por Tania y Aleksandr, pero también por alguien de mi vida, alguien que me dio la lección de amor más dura y bonita. Después de leer la trilogía completa tenía claro que necesitaba leer algo más de la autora, pero en nuestro país era prácticamente imposible. 

Desde hace unos meses, como ya os comenté, estoy tirando mucho de biblioteca y hace un par semanas que fui a por un libro en concreto acabé llevándome El sueño imposible, la primera novela de Paullina. Fue publicada por Ediciones B en 1996 con una portada poco favorecedora y aunque empecé a leerla con un poco de miedo, ha acabado dejándome un vacío que sólo te logran dejar las historias que realmente merece la pena leer. Seguro que sabéis a qué me refiero.

El sueño imposible es una novela sobre la amistad, la amistad de Tully, Jennifer y Julie. Una novela sobre el paso de la adolescencia a la madurez y sobre esos sueños que todos tenemos. Es la historia de Natalie Anne "Tully" Makker, de su sueño de no soñar, de su lucha por mantenerse a flote en el seno de una familia rota. De sus errores, de sus amores... De su vida.

Terminé esta novela con el corazón en un puño, pero el camino hasta llegar a ese final no fue fácil. La historia de Tully no es una historia fácil, es una historia intensa, dura, a veces, incluso triste. Para mí ha sido complicado entender sus decisiones o su forma de actuar en muchos momentos, pero era imposible juzgarla porque nuestras vivencias nos moldean a su antojo y Tully desde niña había pasado mucho, quizá demasiado. Sus acciones sólo eran un grito desesperado de cariño, de sentirse amada, de sentirse importante para alguien, más cuando comprendes que todas las personas que ha querido la han abandonado de una u otra manera. Siempre he pensado que la soledad es un monstruo, ese sentimiento de soledad te agarra por dentro y te destroza, y Tully... Tully se sentía muy sola, muy perdida, incluso desamparada. He sufrido con ella en cada baile en el Tortilla Jack's, en cada domingo en el cementerio, en cada desencuentro con Robin... He sufrido en cada capítulo por no saber entenderla del todo.

Hace un par de semanas que terminé esta historia y me sigue sorprendiendo que sea la primera novela de Paullina, porque es una novela de las grandes y complejas. De las que emocionan, de las que te hacen sentir, de las sufridoras. De las que cierras el libro después de la palabra FIN y todavía te ronda varios días en la cabeza. Tully, Jennifer, Julie, Robin, Jack, incluso Shakie me han dejado poso. No es El jinete de bronce, claro, es una historia totalmente diferente, pero la maravillosa forma de escribir de Paullina está ahí, y sus personajes fuertes y reales también. Yo no necesito más, ojalá todos los que adoráis la historia de Tania y Shura le deis una oportunidad a Tully, creo que la merece. Es una historia para descubrir poco a poco, página a página, cualquier detalle que diga va a ser spoiler, así que escribir esta entrada me ha costado lo mío. No quería desvelar demasiado, sólo lo justo para que despierte vuestra curiosidad. Paullina es mucho más que El jinete, aunque aquí en España nos tengan un poco ¿abandonados?

El sueño imposible tiene una banda sonora muy de la época. La historia de Tully suena a Pink Floyd, a Bee Gees, a Val Halen, a Rolling Stones, a Eagles... tenía mucho dónde elegir para cerrar la reseña. Pero en un diálogo en el que hablaban de canciones de Pink Floyd me quedé con Wish you were here, una de las canciones favoritas de Jack y que versionó Ed Sheeran para los JJ.OO. de Londres.

ABRIL: La primavera


Abril huele a las rosas de Sant Jordi, mi primer Sant Jordi lejos de casa. La primera rosa de Mr. Brandon que he podido disfrutar hasta que se han caído los pétalos secos. Las de otros años siempre se quedaron en un jarrón en casa de mis suegros, mientras yo volvía a casa con la maleta cargada de libros. Hace unos días él me lo decía "Nos quedan un montón de primeras veces" y es verdad, llevamos siete años juntos y hay tantas cosas que por las circunstancias todavía no hemos podido disfrutar, y es... ¡emocionante!

La llegada de la primavera me ha dado media vida, el calor, el sol, todo lo que echaba de menos de mi clima mediterráneo ha llegado a este lugar de la Mancha —un poquito más a lo bestia— y me tiene la mar de feliz. No podía imaginarme lo que me costaría acostumbrarme a este clima tan gris, tan cambiante, tan raro... abrir la ventana por la mañana y ver otro día sin un rayito de sol me tenía ya hecha un trapo. Volver a casa después de tres meses también sirvió de chute de energía, ya empezaba a necesitar abrazar a los míos, ver que todo sigue igual en mi ausencia y disfrutar de la paella, las migas y todas esas cosas ricas que cocina mi abuela.

En abril también me di cuenta de un par de cosas. La primera es que da igual el esfuerzo que pongas por encontrar algo, que probablemente lo encontrarás cuando menos lo busques. Esto me pasó el día del libro callejeando por Alcalá, encontré por segunda vez El jinete de bronce de Paullina Simons en tapa dura, nuevo y tirado de precio. Lo primero que salió de mi boca fue "Joder, joder, joder", ¿sabéis los años que estuve buscando un ejemplar? Ya no un ejemplar decente, simplemente un ejemplar, aunque fuera de segunda mano y hecho un asco. Mis plegarias fueron escuchadas en 2011 cuando DeBolsillo lo reeditó, pero pensaba que era IMPOSIBLE encontrar uno en tapa dura. En diciembre lo encontré y a día de hoy todavía me estoy pellizcando para creerme que lo tengo en mi estantería (os lo conté aquí), pero encontrarlo por segunda vez me parece una pasada. Y en cuanto lo vi tuve claro para quién sería, porque por supuesto me lo llevé —en realidad tuvimos que ir a por él una segunda vez porque me faltaba algo de calderilla, ¡y todavía estaba!—. La segunda cosa de la que me di cuenta en abril y que ya intuía, no es tan divertida como la primera y es que tuve la certeza de que por mucho que te empeñes ciertas heridas nunca acaban de cicatrizar, porque son heridas que no deberían estar ahí, es antinatural que estén, no deberían existir esa clase de heridas en el alma. Da igual el tiempo que pase y las ganas que pongas para olvidar, para sanar, esa herida está ahí, sigue ahí. Y hoy sé que siempre estará ahí. Soy de las que piensan que las canciones eligen su momento para sonar, aquella tarde sonaba Never give up de Sia y para mí fue —y es— toda una declaración de intenciones. La próxima vez que duelas, te cantaré a Sia.

Leer he leído poco, estoy disfrutando mucho más de las lecturas que caen en mis manos y supongo que es la consecuencia de ser algo más selectiva. Estoy tirando mucho de biblioteca, leyendo historias que cuando salieron a la venta quise leer pero que con el aluvión de novedades se quedaron en la pila de pendientes. Cierro abril con solo cuatro lecturas: La magia de ser nosotros de Elísabet Benavent, La nostalgia feliz de Amélie Nothomb, La partitura. Música para Adam de Anna Casanovas y El sueño imposible de Paullina Simons. Si tengo que elegir una sin duda me quedo con El sueño imposible. Ojalá vuelva mi inspiración y os pueda hablar sobre su historia tranquilamente, porque hay mucha tela que cortar. De momento tengo un borrador con dos tristes párrafos...


→ Desde hace unos días en el menú superior tenéis los libros que he leído en lo que llevamos de año y las canciones que van formando parte de mi banda sonora anual. Tengo intención de hacer también un apartado de las películas que voy viendo.

Don't give up, I won't give up


Un mes y ocho días han pasado desde que me despedí al son de La deriva de Vetusta Morla. Pero a partir de ese momento...

Empezaron a llegarme mensajes preciosos y sentidos que me hicieron replantearme la decisión que había tomado. Eliminé mi cuenta de Twitter y estuve a un paso de hacer lo mismo con la de Instagram. Después de meses sin hacerlo volví a escuchar a CocoRosie y con las primeras notas de Roots of my hair se encendió una bombilla. Leí manga como si no hubiera un mañana, porque había perdido las ganas de leer novela, o me las habían quitado de cuajo. Me alejé de las redes sociales —de las que se habían salvado de la quema—. Cuando recordaba los motivos feos por los que me había marchado, escuchaba a toda castaña Can't hold us y así me quitaba ese regustillo amargo que sentía. Me perdí en la biblioteca un par de veces y me llevé libros que hacía tiempo que quería leer. Descubrí qué era la famosa fiebre Ferrante de primera mano. Luca cumplió siete meses... y también ocho. Dejé de echar de menos el blog. La magia de ser nosotros fue el chasco que esperaba que finalmente no fuera. Hice las maletas y volví a casa un par de días. Fue el viaje en tren más pesado de los últimos siete años. Amélie Nothomb y su nostalgia feliz lo hicieron algo más llevadero. Me recibieron los abrazos y besos de mi abuela. El "Si tienes miedo, abrázame" que me dijo mi prima de siete años, mi niña, mientras jugábamos me hizo sentir el corazón lleno. Despedirme de mi abuelo minutos antes de subirme al tren de vuelta a Villa Brandon dolió un poco menos que la última vez. La decepción ya no escoció tanto y no necesité tiritas. Por primera vez sentí que esta pequeña ciudad era mi lugar, el sitio dónde debía estar. Leí nuevos mensajes y eché en falta los que sabía que jamás llegarían. Escuché en bucle Horse's Mane mientras escribía una nueva entrada del blog. La borré, pero me quité de encima el lastre que arrastraba. Decidí volver.



Este último mensaje es para ELLAS. No os rindáis, no perdáis el ánimo aunque el panorama a veces no sea nada alentador. No hagáis caso del ruido de alrededor aunque intente dejaros sordas. Sois las más grandes simplemente haciendo lo que os nace de dentro. Sois las más grandes amando la literatura como la amáis, sin esperar nada más que disfrutar de los libros, de las historias que caen en vuestras manos, luchando como lo hacéis para que las cosas cambien. La grandeza no se mide por el número de seguidores o el número de comentarios. Eso no vale una puta mierda. Para mí sois lo más grande, sincero y auténtico que me he encontrado aquí. Lo único por lo que merece la pena volver. No os rindáis, yo no me rendiré.