24 mayo 2017

Crash. Cuando todavía buscas algo más extraordinario


Supongo que algunos pensaréis "Ha vuelto, pero ya no reseña" y es cierto, volví y desde entonces sólo he escrito un puñado de entradas y entre ellas, únicamente una reseña. No es que haya perdido las ganas, o al menos, no del todo, es simplemente que cuando tomé la decisión de volver me hice una lista de las cosas que no haría de nuevo y uno de los puntos de esa lista era: Escribiré sólo cuando me apetezca y de lo que me apetezca. Y lo estoy cumpliendo a rajatabla.

Hoy no tenía previsto escribir nada, pero en los últimos días me he pegado un atracón de romántica de esos que me gusta darme cuando necesito evadirme, y después de poner mis valoraciones en Goodreads recordé una conversación que tuve hace unos días con Lidia. Yo le decía que para mí la romántica ha terminado siendo esa clase de literatura que utilizo para evadirme, para no pensar en nada y ya está. Y posiblemente esa sea la función de muchas autoras, incluso de muchas lectoras, entretener y ser entretenidas, sin más pretensiones y es genial, a veces se necesita algo así, pero a mí la mayor parte de las veces ya no me basta. Hoy ya no me basta. Cuando termino una novela romántica el 90% de las veces pienso con cierta pena "todavía busco algo más extraordinario". La frase no es mía, es la frase memorable que le decía Bridget Jones a Daniel Cleaver en un momento cumbre, y que yo con dieciocho tiernos años ya no la olvidé. Cómo tampoco olvidé la difícil tarea de encontrar a mi particular Mark Darcy, ese que me quisiera tal y como era. Pero volviendo al tema de la novela romántica y dejando de lado a aquella Mónica canija, hace muchos años que leo este género y ahora, con treinta y dos años me doy cuenta de lo que realmente me gusta de él. Me gusta sentir, me gusta emocionarme y me gusta que me estruje el corazón. ¿Cuál es el problema? Que estoy cansada de leer la misma historia una y otra vez, que la originalidad cada vez brille más por su ausencia y que parezca que cualquiera se puede sentar delante de un teclado y escribir una historia. Esto no pasaba antes. ¿Soy la única que siente que el género está de capa caída? Cómo lectora de romántica quiero que la historia traspase el papel y se me pegue en la piel, quiero sentir en mi carne lo que sienten los protagonistas y que la emoción me reviente el pecho. Quizá pido demasiado, quizá además de kamikaze lectora tenga que empezar a describirme como lectora romántica encabronada y exigente. Pero cada vez que entro en Goodreads y veo las tropecientas estrellas que tienen novelas que a mí me han dejado totalmente fría pienso "o tienes el corazón muy negro o el morro demasiado fino" —también se me pasa por la cabeza lo parda que la están liando las editoriales, pero eso ya es otro tema en el que no voy a entrar porque prefiero seguir fingiendo que vivo en el mundo (blogger) de la piruleta y que todo me resbala como si me hubiera untado en mantequilla—.  He llegado a un punto que no necesito sólo una buena novela, necesito que la autora con sus palabras sea capaz de hacérmela llegar, de hacérmela sentir y que cuando vea la palabra FIN sienta cierta tristeza al despedirme de sus protagonistas. Llegar a sentirlos cercanos, reales, de carne y hueso. 

Supongo que hoy me he levantado profunda, reflexiva y tocapelotas, y necesitaba decir en voz alta lo que se me pasa por la cabeza, o por lo menos una parte, quizá con el fin de no sentirme la perra verde del reino. Tenía intención de hacer una entrada hablando de un porrón de novelas románticas que he leído últimamente, a ver si saco tiempo (y ganas) y os la traigo. ¿Os gustaría?

Esta vez voy a ser muy obvia con la canción del final del post y voy a poner a Zahara, ya que estoy leyendo su novela Trabajo, piso, pareja. Y también porque Crash es lo que hace mi pobre corazón cuando termino de leer otra novela romántica clonada. Otra más. No sé si el Crash es de pena o de mosqueo, todavía estoy meditándolo...

15 mayo 2017

Madrid, 12 de mayo


El pasado viernes tuve el placer de asistir a la presentación de El último baile de Marisa Sicilia en Madrid. Nunca había estado en ninguna presentación, así que llegué a la librería La Sombra con mucha ilusión... y sudando la gota gorda porque tuve que pegarme una buena carrera desde Callao hasta Atocha.

Estar allí fue maravilloso por muchas razones, principalmente porque lo prepararon todo demasiado bonito. Si no habéis leído la historia de Lili y Andreas, os diré que el final del primer capítulo es de los que te estrujan el corazón. Es un principio que en realidad es un final, y poder tener la oportunidad de escuchar ese fragmento, fue... ¡emocionante! Tuve que mirar al suelo para no parecer la más pánfila de toda la presentación. Fue un acierto total esos pequeños fragmentos de la historia en grabaciones, acompañados de una selección musical deliciosa. La banda sonora perfecta. Fue un auténtico placer escuchar a Marisa, sólo viendo su sonrisa transmite tanto que es imposible que salgas de allí sin ganas de leer su historia. Ella, junto a Lidia de Cielos de papel, le pusieron todo el cariño del mundo y eso se notó, desprendieron complicidad y, sobre todo, amor por la historia de Lili y Andreas. A mí se me pasó en un suspiro, me quedé con ganas de mucho más. Me quedé con ganas de volver a sumergirme en El último baile.

Marisa Sicilia fue de las primeras autoras que reseñé en el blog. En general he tenido buenas experiencias con autoras, siempre han recibido bien mis reseñas, fueran positivas o un poquito más críticas, pero si hay alguien que me ha sorprendido, esa es Marisa. El primer libro que leí suyo me gustó, pero no me llegó como esperaba que lo hiciera y a pesar de mi reseña —que no era maravillosa, ni siquiera en contenido, de las peores que he escrito, ¡un horror!— me escribió un email para darme las gracias, y yo nunca olvidé ese detalle, porque considero que dice mucho de ella como escritora pero, sobre todo, como persona. 

Estos años he seguido leyéndola, unas historias me han gustado más, otras un poco menos, pero lo que es indudable es que Marisa posee una de las plumas más prometedoras de la romántica de nuestro país. Cada historia que escribe es diferente a la anterior, arriesga con sus protagonistas y escribe con una elegancia que conquista. Pero con El último baile ha superado todas mis expectativas, ya cuando el año pasado empezó a hablar de esta historia tuve la corazonada de me encantaría, que esta sí sería mí historia de Marisa —con permiso de Forajido, que me pareció un piscolabis de lo más dulce y tierno—. Y no me equivoqué porque con Lili y Andreas era demasiado fácil meterme en el bolsillo, era demasiado fácil dejarme huella, era la historia perfecta para mí. Un amor a lo largo del tiempo, un amor de idas y venidas, de los que son capaces de luchar contra el tiempo, la distancia y las adversidades. Una ambientación diferente, atractiva y absorbente. 

Siguiendo con la presentación, fue una tarde estupenda, no sólo por el placer de hablar de Lili y Andreas, sino también por conocer a Marisa —cariñosa a más no poder— y a Cris de Estantes de papel —fue verla, hablar dos frases con ella y sentir cosas bonicas— y volver a ver a Sandra de Mis romances encontrados y a mi Lidi. Lo único que siento es que mi timidez me coma a bocaos y no dar de mí todo lo que me gustaría de primeras. Ojalá no haya sido un chasco conocerme en persona.

La música perfecta para terminar esta entrada sería la que sonó en la presentación, pero eso no sería muy Miss Brandon, ¿verdad? Wings me pone siempre los pelos de punta y la letra es perfecta. Perfecta para Lili y su amor por Andreas. Un amor que a mí me ha dejado una huella imborrable.



PD. La madre de Marisa es encantadora y sus galletas, ¡riquísimas!

09 mayo 2017

Just like magic


Llevaba desde finales del año pasado preparando una sección nueva. Quería hablaros de los blogs que me llenan, dedicar una entrada a cada uno de ellos, pero al final todo se quedó en una idea que al final, con mi marcha, no llevé a cabo. Pero esa idea seguía ahí, quería dároslas a conocer, a ELLAS, de las que os hablé en la primera entrada de la nueva era

El mundo de los blogs es un mundo infinito, dónde la originalidad brilla por su ausencia, sobre todo si hablamos de blogs dedicados a la literatura romántica. No sé a los demás, pero a mi no me aporta nada leer veinte reseñas del mismo libro el mismo día, entradas con el mismo formato, explotando las mismas ideas, los mismos diseños... Y sé que esto último es complicado, es complicado marcar la diferencia, ser genuino, porque siempre te copian ideas o directamente te copian texto, las hay muy rumbosas —por no decir muy sinvergüenzas—. Con el tiempo me he dado cuenta que en la sencillez está el éxito, que un blog limpio, sin demasiados adornos y con un buen contenido es lo único que hace falta. Lo importante no es que te sigan mil personas, lo importante es que las personas que te siguen te lean. Lo importante no es que te escriban cuarenta comentarios, lo importante es que los comentarios que te dejen tengan sentido —¿hay alguien en la sala que no esté del "Me lo apunto" (o cosas parecidas) hasta lo que rima con Logroño?—. Lo que quiero decir con todo esto, es que hay blogs chiquititos que llenan de vida y de magia el mundo de los blogs. Y ahí entran ELLAS.

Tengo que empezar con Lidia y sus cielos de papel. Caí en su blog de pura casualidad y me quedé, estuve muchísimo tiempo leyéndola en la sombra, me daba vergüenza que mis comentarios no estuvieran a la altura de sus reseñazas, pero al final di el paso y es lo mejor que he hecho desde que estoy aquí, porque en Lidia encontré a una compañera y a una amiga, sobre todo esto último. Se me llena la boca diciendo cosas bonitas de Lidia. En su blog no sólo encontraréis reseñas de los libros que va leyendo, hay entradas de puro debate y secciones como Entre bambalinas o Una imagen vale más... de las que yo me declaro fan número uno.

Reina entre las reinas, Ani de Ajuste de letras. Si hoy estoy aquí es por su culpa. Llegó a mi vida en forma de email dándome energía para aburrir y se ha quedado conmigo. Hemos compartido lecturas y vida. Ahora también escribe y su blog es canela fina, de lo mejor que os encontraréis. Leerla es simplemente un placer, le pone corazón, le pone pasión y le pone vida. Si en el mundo hubiera más Anitas, sería un mundo mejor. Sus reseñas son una pasada, no las puedo describir de otra manera. Eres grande, amigui.

María Ángeles de Una bloguera eventual es el buenrollismo hecho persona. Leerla siempre me transmite cosas bonicas, energía positiva... Leerla sin una sonrisa es imposible, porque es natural, espontánea... a mi siempre me deja una sensación de paz difícil de describir. Visualmente es de los mejores blogs que he visto, utiliza fotos propias, sencillas pero preciosas —sin farolillos de Ikea, ni Funkos—. Os diría que espero como loca sus reseñas de los jueves, pero mentiría, porque continuamente hago click para ver si hay algo nuevo. María Ángeles es molona hasta cuando habla de tazas.

Carol y sus mundos me engancharon desde el minuto uno. Recuerdo que la conocí porque me comentó aquellas reseñas en las que me empecé a despendolar —la primera bilogía de Neïra, por ejemplo— y al devolverle la visita me di cuenta de que ¡éramos mellizas! Si un libro no le gusta a Carol no lo toco ni con un palo, es curioso pero tenemos gustos afines al 99%, lo tengo comprobado. Las estrellas de Goodreads no engañan —imaginaos la voz del mayordomo ochentero del anuncio de Tenn—. Me encanta leerla porque es cercana, es cariñosa, es sencilla.

Lo de EMe y su Ágora ya es de otro planeta. ¿Os podéis creer que no hay ni una entrada suya que no me haya dejado flipada? No sé si le va a agradar que la defina así, pero a mí parece una valiente, no todo el mundo es capaz de sentarse delante del teclado y escribir entradas como las suyas. Entradas comprometidas por su amor a la romántica, entradas en las que habla no sólo de libros, sino del mundo editorial, de los lectores, de los blogs... El blog de EMe es necesario en este mundillo de postureo y gilipollismo supino, sólo os digo eso.

Cris y sus estantes de papel me conquistaron tarde, pero lo han hecho para siempre. Es una de las personas que se han cruzado en mi vida que más sabe de romántica, y sólo me hizo falta leer un par de libros con ella en un club de lectura de Facebook para darme cuenta. Su bagaje lector es garantía de calidad. Sus entradas tienen chicha, tienen contenido y tienen alma. Y lo único que siento es no comentarle tanto como me gustaría, pero es que la leo y pienso "¿qué narices puedo aportar yo a Cris?"

Sigo a más blogs que me encantan y me llenan, que me parece que son pura magia, pero principalmente quería hablaros de estos poquitos, quién sabe si algún día llega la entrada Just like magic volumen II... 

No quería terminar sin nombrar a Elena... Elena no tiene blog, pero para mí es como si lo tuviera, el sentimiento que tengo con ella es que es de la pandi. Sus comentarios han llenado de vida el blog y a mí de ganas. Gracias por estar a mi lado siempre, por tu cariño, tus palabras, por ser así de adorable.

04 mayo 2017

EL SUEÑO IMPOSIBLE, de Paullina Simons


Si alguien me pregunta el título de uno de mis libros preferidos, mi primera respuesta sería El jinete de bronce. Hay más, por supuesto, pero esa novela de Paullina Simons que inicia su trilogía más famosa, sería el libro que posiblemente elegiría. Soy consciente de que hubo un antes y un después para mí como lectora a raíz de leer a Paullina Simons. Antes de ella había leído muy poca novela romántica, principalmente leía otro tipo de género, pero empezaba a adentrarme en una romántica que acabó atrapándome por completo. Tatiana, Aleksandr y, sobre todo, Paullina tuvieron gran parte de culpa.

Hoy quedan lejanas aquellas noches de otoño en las que no podía dejar de leer, las horas pasaban volando mientras sufría al lado de la dulce Tania. En aquel momento empezaba mi obsesión por leer todo lo que pudiera sobre la II Guerra Mundial, y tener la posibilidad de leer una historia de amor ambientada en esa época me partió el corazón más de lo que esperaba. Leer las últimas páginas fue duro, revolvió muchos sentimientos. Lloré por Tania y Aleksandr, pero también por alguien de mi vida, alguien que me dio la lección de amor más dura y bonita. Después de leer la trilogía completa tenía claro que necesitaba leer algo más de la autora, pero en nuestro país era prácticamente imposible. 

Desde hace unos meses, como ya os comenté, estoy tirando mucho de biblioteca y hace un par semanas que fui a por un libro en concreto acabé llevándome El sueño imposible, la primera novela de Paullina. Fue publicada por Ediciones B en 1996 con una portada poco favorecedora y aunque empecé a leerla con un poco de miedo, ha acabado dejándome un vacío que sólo te logran dejar las historias que realmente merece la pena leer. Seguro que sabéis a qué me refiero.

El sueño imposible es una novela sobre la amistad, la amistad de Tully, Jennifer y Julie. Una novela sobre el paso de la adolescencia a la madurez y sobre esos sueños que todos tenemos. Es la historia de Natalie Anne "Tully" Makker, de su sueño de no soñar, de su lucha por mantenerse a flote en el seno de una familia rota. De sus errores, de sus amores... De su vida.

Terminé esta novela con el corazón en un puño, pero el camino hasta llegar a ese final no fue fácil. La historia de Tully no es una historia fácil, es una historia intensa, dura, a veces, incluso triste. Para mí ha sido complicado entender sus decisiones o su forma de actuar en muchos momentos, pero era imposible juzgarla porque nuestras vivencias nos moldean a su antojo y Tully desde niña había pasado mucho, quizá demasiado. Sus acciones sólo eran un grito desesperado de cariño, de sentirse amada, de sentirse importante para alguien, más cuando comprendes que todas las personas que ha querido la han abandonado de una u otra manera. Siempre he pensado que la soledad es un monstruo, ese sentimiento de soledad te agarra por dentro y te destroza, y Tully... Tully se sentía muy sola, muy perdida, incluso desamparada. He sufrido con ella en cada baile en el Tortilla Jack's, en cada domingo en el cementerio, en cada desencuentro con Robin... He sufrido en cada capítulo por no saber entenderla del todo.

Hace un par de semanas que terminé esta historia y me sigue sorprendiendo que sea la primera novela de Paullina, porque es una novela de las grandes y complejas. De las que emocionan, de las que te hacen sentir, de las sufridoras. De las que cierras el libro después de la palabra FIN y todavía te ronda varios días en la cabeza. Tully, Jennifer, Julie, Robin, Jack, incluso Shakie me han dejado poso. No es El jinete de bronce, claro, es una historia totalmente diferente, pero la maravillosa forma de escribir de Paullina está ahí, y sus personajes fuertes y reales también. Yo no necesito más, ojalá todos los que adoráis la historia de Tania y Shura le deis una oportunidad a Tully, creo que la merece. Es una historia para descubrir poco a poco, página a página, cualquier detalle que diga va a ser spoiler, así que escribir esta entrada me ha costado lo mío. No quería desvelar demasiado, sólo lo justo para que despierte vuestra curiosidad. Paullina es mucho más que El jinete, aunque aquí en España nos tengan un poco ¿abandonados?

El sueño imposible tiene una banda sonora muy de la época. La historia de Tully suena a Pink Floyd, a Bee Gees, a Val Halen, a Rolling Stones, a Eagles... tenía mucho dónde elegir para cerrar la reseña. Pero en un diálogo en el que hablaban de canciones de Pink Floyd me quedé con Wish you were here, una de las canciones favoritas de Jack y que versionó Ed Sheeran para los JJ.OO. de Londres.

03 mayo 2017

ABRIL: La primavera


Abril huele a las rosas de Sant Jordi, mi primer Sant Jordi lejos de casa. La primera rosa de Mr. Brandon que he podido disfrutar hasta que se han caído los pétalos secos. Las de otros años siempre se quedaron en un jarrón en casa de mis suegros, mientras yo volvía a casa con la maleta cargada de libros. Hace unos días él me lo decía "Nos quedan un montón de primeras veces" y es verdad, llevamos siete años juntos y hay tantas cosas que por las circunstancias todavía no hemos podido disfrutar, y es... ¡emocionante!

La llegada de la primavera me ha dado media vida, el calor, el sol, todo lo que echaba de menos de mi clima mediterráneo ha llegado a este lugar de la Mancha —un poquito más a lo bestia— y me tiene la mar de feliz. No podía imaginarme lo que me costaría acostumbrarme a este clima tan gris, tan cambiante, tan raro... abrir la ventana por la mañana y ver otro día sin un rayito de sol me tenía ya hecha un trapo. Volver a casa después de tres meses también sirvió de chute de energía, ya empezaba a necesitar abrazar a los míos, ver que todo sigue igual en mi ausencia y disfrutar de la paella, las migas y todas esas cosas ricas que cocina mi abuela.

En abril también me di cuenta de un par de cosas. La primera es que da igual el esfuerzo que pongas por encontrar algo, que probablemente lo encontrarás cuando menos lo busques. Esto me pasó el día del libro callejeando por Alcalá, encontré por segunda vez El jinete de bronce de Paullina Simons en tapa dura, nuevo y tirado de precio. Lo primero que salió de mi boca fue "Joder, joder, joder", ¿sabéis los años que estuve buscando un ejemplar? Ya no un ejemplar decente, simplemente un ejemplar, aunque fuera de segunda mano y hecho un asco. Mis plegarias fueron escuchadas en 2011 cuando DeBolsillo lo reeditó, pero pensaba que era IMPOSIBLE encontrar uno en tapa dura. En diciembre lo encontré y a día de hoy todavía me estoy pellizcando para creerme que lo tengo en mi estantería (os lo conté aquí), pero encontrarlo por segunda vez me parece una pasada. Y en cuanto lo vi tuve claro para quién sería, porque por supuesto me lo llevé —en realidad tuvimos que ir a por él una segunda vez porque me faltaba algo de calderilla, ¡y todavía estaba!—. La segunda cosa de la que me di cuenta en abril y que ya intuía, no es tan divertida como la primera y es que tuve la certeza de que por mucho que te empeñes ciertas heridas nunca acaban de cicatrizar, porque son heridas que no deberían estar ahí, es antinatural que estén, no deberían existir esa clase de heridas en el alma. Da igual el tiempo que pase y las ganas que pongas para olvidar, para sanar, esa herida está ahí, sigue ahí. Y hoy sé que siempre estará ahí. Soy de las que piensan que las canciones eligen su momento para sonar, aquella tarde sonaba Never give up de Sia y para mí fue —y es— toda una declaración de intenciones. La próxima vez que duelas, te cantaré a Sia.

Leer he leído poco, estoy disfrutando mucho más de las lecturas que caen en mis manos y supongo que es la consecuencia de ser algo más selectiva. Estoy tirando mucho de biblioteca, leyendo historias que cuando salieron a la venta quise leer pero que con el aluvión de novedades se quedaron en la pila de pendientes. Cierro abril con solo cuatro lecturas: La magia de ser nosotros de Elísabet Benavent, La nostalgia feliz de Amélie Nothomb, La partitura. Música para Adam de Anna Casanovas y El sueño imposible de Paullina Simons. Si tengo que elegir una sin duda me quedo con El sueño imposible. Ojalá vuelva mi inspiración y os pueda hablar sobre su historia tranquilamente, porque hay mucha tela que cortar. De momento tengo un borrador con dos tristes párrafos...


→ Desde hace unos días en el menú superior tenéis los libros que he leído en lo que llevamos de año y las canciones que van formando parte de mi banda sonora anual. Tengo intención de hacer también un apartado de las películas que voy viendo.

18 abril 2017

Don't give up, I won't give up


Un mes y ocho días han pasado desde que me despedí al son de La deriva de Vetusta Morla. Pero a partir de ese momento...

Empezaron a llegarme mensajes preciosos y sentidos que me hicieron replantearme la decisión que había tomado. Eliminé mi cuenta de Twitter y estuve a un paso de hacer lo mismo con la de Instagram. Después de meses sin hacerlo volví a escuchar a CocoRosie y con las primeras notas de Roots of my hair se encendió una bombilla. Leí manga como si no hubiera un mañana, porque había perdido las ganas de leer novela, o me las habían quitado de cuajo. Me alejé de las redes sociales —de las que se habían salvado de la quema—. Cuando recordaba los motivos feos por los que me había marchado, escuchaba a toda castaña Can't hold us y así me quitaba ese regustillo amargo que sentía. Me perdí en la biblioteca un par de veces y me llevé libros que hacía tiempo que quería leer. Descubrí qué era la famosa fiebre Ferrante de primera mano. Luca cumplió siete meses... y también ocho. Dejé de echar de menos el blog. La magia de ser nosotros fue el chasco que esperaba que finalmente no fuera. Hice las maletas y volví a casa un par de días. Fue el viaje en tren más pesado de los últimos siete años. Amélie Nothomb y su nostalgia feliz lo hicieron algo más llevadero. Me recibieron los abrazos y besos de mi abuela. El "Si tienes miedo, abrázame" que me dijo mi prima de siete años, mi niña, mientras jugábamos me hizo sentir el corazón lleno. Despedirme de mi abuelo minutos antes de subirme al tren de vuelta a Villa Brandon dolió un poco menos que la última vez. La decepción ya no escoció tanto y no necesité tiritas. Por primera vez sentí que esta pequeña ciudad era mi lugar, el sitio dónde debía estar. Leí nuevos mensajes y eché en falta los que sabía que jamás llegarían. Escuché en bucle Horse's Mane mientras escribía una nueva entrada del blog. La borré, pero me quité de encima el lastre que arrastraba. Decidí volver.



Este último mensaje es para ELLAS. No os rindáis, no perdáis el ánimo aunque el panorama a veces no sea nada alentador. No hagáis caso del ruido de alrededor aunque intente dejaros sordas. Sois las más grandes simplemente haciendo lo que os nace de dentro. Sois las más grandes amando la literatura como la amáis, sin esperar nada más que disfrutar de los libros, de las historias que caen en vuestras manos, luchando como lo hacéis para que las cosas cambien. La grandeza no se mide por el número de seguidores o el número de comentarios. Eso no vale una puta mierda. Para mí sois lo más grande, sincero y auténtico que me he encontrado aquí. Lo único por lo que merece la pena volver. No os rindáis, yo no me rendiré.

10 marzo 2017

La entrada que nunca quise escribir...


Los últimos meses he ido arrastrando un lastre que cada día era más pesado. Me fui unas semanas en enero con el firme propósito de volver con más ganas que nunca y obviar todo lo feo, no hacer caso al ruido por mucho que intentara dejarme sorda, como dije en aquel momento. Pero ni la Chica Tormenta ha podido con el peso de ese lastre y el barco ha acabado yéndose a la deriva.

Puede que esta entrada esté decepcionando o desilusionando a alguna compañera, a las que han estado a mi lado prácticamente desde el principio, a las que me han apoyado y han evitado con sus palabras esto no pasara mucho antes. Os digo que no es que hayan ganado los malos, es que hoy por hoy no me compensa seguir aquí, la balanza de lo malo ha hecho saltar por los aires lo bueno. 

¿Aquí acaba Miss Brandon? Pues la verdad es que no lo sé. No sé si llegará un día que un libro me impulse a tener la necesidad de volver. O, todo lo contrario, esta sea la última vez que escriba aquí. Lo voy a dejar como un parón indefinido, no quiero cerrar puertas, porque no sé cómo me sentiré dentro de un mes o de medio año. Sólo sé que si vuelvo algún día será porque sentarme a escribir ya no me hace sentir mal. Quería contároslo para que no os preocupéis si veis que pasan los días y aquí no hay novedades.

Gracias por estos años a todos los que habéis dejado vuestro granito de arena aquí. Me llevo mucho cariño, de verdad que sí.

06 marzo 2017

LA MAGIA DE SER SOFÍA, de Elísabet Benavent


Es la primera vez que no esperaba una nueva historia de Elísabet Benavent con ilusión, con emoción, con ganas... con nada. Creo que naufragué en la isla de Maggie, en aquellas aguas cristalinas que bordeaban su casa de huéspedes. Aquella historia que nos quisieron vender erróneamente como ligera y divertida, ideal para el verano y que a mi me dejó una sensación de desencanto que a día de hoy sigo sin poder quitármela de encima.

Con este panorama tan alentador recibí a Sofía en casa y con la idea de que si no me gustaba, por lo menos quedaría bonito el ejemplar color mint con la decoración de mi salón. Tenía muy claro que si Sofía no me convencía serían los últimos libros que compraría de Elísabet. ¿Radical? Puede ser.

En esta cruzada tuve la inestimable ayuda lectora de Ani. Las últimas historias de Elísabet —Martina y Maggie— las hemos leído, disfrutado y sufrido mano a mano. Ella creo que estaba incluso más desencantada que yo, así que podríamos llorar de pena y de rabia juntas si Sofía nos salía rana. Al final no hemos llorado, pero a ella la rabia le ha salido a borbotones y yo... yo no he sabido procesar que Héctor fuera un tío tan mierda.

Pero Sofía, Sofía me gustó desde el primer momento. Sofía, con su dulzura y esa sonrisa constante que regala diariamente en El café de Alejandría. Hasta que un día de enero cruza la puerta Héctor y siente que con él ha encontrado la magia, esa magia que parecía estar negada para ella. Pero toda esa magia va perdiendo brillo cuando te enteras —y esto no es un spoiler porque se sabe desde la página dos del libro— que Héctor tiene novia. Novia de toda la vida, para más inri. Novia desde sus tiernos dieciséis años, vamos, que si sacas cuentas llevan la friolera de dieciocho años juntos. ¿Y cómo rompes eso por mucho que la magia y la luz te hagan sentir tan vivo? ¿Cómo das carpetazo a lo que ha sido prácticamente toda tu vida? Da igual que la relación con tu novia haga aguas por todas partes desde hace tiempo, incluso años, es una situación difícil y complicada. Pero Héctor, que durante todo el libro es bastante coherente, al final toma la decisión más cobarde, más injusta y más cruel. Y no era una sorpresa, la historia no tiene mucha miga, desde el capítulo uno se sabía como iba a terminar este libro, es de cajón habiendo un segundo libro y conociendo el procedimiento habitual de Elísabet. Pero no así, Héctor, así no, joder. Así demuestras que no te mereces a Sofía, ni su luz, ni su magia, ni nada.

Lo peor es que a pesar de todo intenté entender a Héctor, de verdad que sí, me puse en su situación y lo logré... ¿diez páginas? Diez páginas, o quizá unas pocas más, donde me dejé llevar un poco por él, por ese algo que reconozco que en el fondo, muy en el fondo tiene y a lo que no sé ponerle nombre. Volé un poco de su mano cómo hacia Sofía, hasta que Ani me puso los pies en la tierra con su manera de ver la situación, y entonces vi claro que esta historia no iba a dejar indiferente. Qué a muchísima gente no le gustaría, que el resbalón de Mi isla, o incluso de Martina en tierra firme —a mí me puso los pelos de punta para bien, pero me consta que a mucha gente le aburrió soberanamente— no iba a ser nada, absolutamente nada, al lado de esto.

Y así fue como me convertí en el tipo de chica que creí que me había jodido la vida. Así entendí que juzgar no tiene sentido, que la vida no es o blanca o negra y que hablar del camino de otro si no lo has andado con sus mismos zapatos es absurdo.


Reconozco que me ha gustado que Elísabet arriesgue con Sofía y Héctor, aunque no sé si saldrá victoriosa, porque como os digo no va a dejar indiferente. A mí, pese a que tengo a Héctor atravesado, me ha gustado la historia porque es real, porque es algo que puede pasar, de hecho pasa y porque te hace reflexionar, quieras o no. Pero no sé si seré capaz de digerir lo que pueda venir en el desenlace. Ya puede Elísabet hacer piruetas en La magia de ser nosotros, porque va a ser difícil, muy, muy difícil que me haga creer, aunque sólo sea un poco, que Héctor con su cobardía, sus remordimientos y su gilipollez supina se merece a Sofía. Para mí ha perdido el poco brillo que tenía, casi igual que la portada del libro, que la purpurina que han puesto debe ser del chino de la esquina porque se ha ido perdiendo por el camino.


OTRAS RESEÑAS DE ELÍSABET BENAVENT

Mi isla 
Martina con vistas al mar (Horizonte Martina #1)
Martina en tierra firme (Horizonte Martina #2)
Trilogía Mi elección
Tras las huellas de Alba, Hugo y Nico (Mi elección #3.5)
El diario de Lola

01 marzo 2017

FEBRERO: Loud like love


Tenía que pasar, lo raro era lo contrario. En febrero llegaron las dudas, muchas y muy fuertes, lo raro era esta tranquilidad. Medio año después de la mudanza llegó el echar de menos y pensar en todo lo que dejé, que fue mucho, quizá demasiado. Lo raro era que no lo hubiera hecho hasta ahora. Quizá fue el ritmo frenético de los primeros meses, empezar a construir un nuevo hogar, sentirnos cerca, y ahora, cuanto todo está asentado es cuando ha llegado el golpe de realidad.

Una mañana paseando a Luca me di cuenta que el problema era yo, que estaba fallando. Miré el cielo, que estaba azul, más azul de lo que lo había visto en el último mes y sentí que todavía no me había acostumbrado, ese era el principal escollo. No me había acostumbrado a esta ciudad en la que en invierno casi no sale el sol —y en otoño, casi que tampoco— y que sigo sin sentir mía, ni siquiera un poco, por mucho que recorra a diario sus calles y me pierda entre su gente.

Durante febrero leí menos, mucho menos de lo habitual los últimos años, pero sin embargo disfruté más. Disfruté de las historias que tenía en las manos como hacía tiempo que no lo hacía, sin pensar en el blog ni en lo que se esperaba de este rincón y fue algo que me alivió. Curiosamente la mayoría fueron historias de amor a lo largo del tiempo, historias que por circunstancias personales se quedaban en stand by, historias que la guerra truncó, historias de amor para las que simplemente no era su momento. Así conocí a Vianne y a Isabelle y la Francia ocupada por el nazismo (El ruiseñor de Kristin Hannah), a Lucía y Diego y ese viaje por Europa que les cambia la vida para siempre (Viajando hacia mi destino + Decidiendo mi destino de Abril Camino), a Sara, Vera y Alex y ese lago que fue testigo de una amistad grabada a fuego (Valiente Vera, pequeña Sara de Neïra) o a Lili y Andreas y su historia de idas y venidas en la Viena y el Berlín de entreguerras (El último baile de Marisa Sicilia).

Escuché mucha música, como siempre. Me empapé de lo nuevo de Rayden, canturreé las canciones que Mr. Brandon escucha mientras se ducha y que ya son también un poco mías. Descubrí canciones de esas que al final acaban en mi banda sonora anual y acabé rescatando canciones que un día sonaron en mi vida, como la que hoy os dejo al final de esta entrada.

En febrero llegaron las dudas, muchas y muy fuertes. Tan fuertes como lo que me ata a esta ciudad en la que casi no sale el sol.

27 febrero 2017

VALIENTE VERA, PEQUEÑA SARA, de Neïra

VALIENTE VERA, PEQUEÑA SARA · Romántica Contemporánea

Tenía fe ciega en Neïra y su nueva historia, y creo que ahora mismo no lo puedo decir de muchas autoras románticas, así de jodidas están las cosas. Después de leer Valiente Vera, pequeña Sara puedo decir que Neïra lo ha vuelto a hacer, ha arriesgado con una historia totalmente diferente a la de Oliva y a la de Daniela y ha ganado. La historia de Sara es otra historia llena de sentimientos, de esas que se te clavan dentro y ya no te sueltan jamás.

Me gusta Neïra. Me gusta Neïra en todas sus versiones. En su versión loca de Oliva, en su versión sentida de Daniela y en su versión dulce de Sara. Hace casi dos años que conocí a Oliva y todavía me duele. Hace un año que conocí a Daniela y todavía la siento debajo de la piel. Hace solo unos días que conocí a Sara y sé que se ha quedado un trozo de mi corazón para siempre.

Sara. La pequeña Sara... que sigue en la casa del lago junto a su abuela, sigue andando descalza y con sus vestidos cortos de mil colores. Que sigue pintando, aunque haya perdido un poco la pasión que la arrastraba antaño. Que sigue esperando a Alex... y también a Vera.

Han pasado ocho años desde que Alex dejó de ir a la casa del lago durante el verano. Ocho años sin saber por qué nunca volvió, por qué rompió la promesa que le hizo a Sara. Hace mucho tiempo que su hermana Vera también se marchó, cumplió su sueño de coger las maletas y volar lejos. Atrás quedaron aquellos veranos que pasaron los tres juntos, aquella amistad que parecía irrompible. Aquellos veranos llenos de risas, de juegos, de baños en el lago, de amistad, de besos, de amor. De ese primer amor que difícilmente se olvida. 
Pero Alex vuelve por sorpresa ese verano, ocho años tarde, aunque no para cumplir la promesa que le hizo en su momento a Sara. Vuelve para reformar la casa que su familia tiene en el lago, quiere que su madre vuelva a sonreír, vuelva a ser feliz, tan feliz como siempre debería haber sido. Y se encuentra con Sara, una Sara que en esencia sigue siendo la misma, pero en el fondo no lo es. Juntos tendrán que hacer frente a los años separados, a las decisiones tomadas y al dolor compartido.


Valiente Vera, pequeña Sara habla de amor, del amor por los amigos, por la familia y de ese primer amor que no se olvida. Habla de las decisiones que tomamos y las consecuencias que tienen con el tiempo. Habla del perdón y del dolor. Habla del miedo. Habla de los valientes. Y todo en un marco incomparable, un marco fácilmente reconocible por todos, aquellos veranos de la adolescencia que siempre recuerdas con una sonrisa nostálgica.

Esta historia me ha revuelto algo por dentro, un dolor punzante que hace muchos años decidí enterrar lo más profundo que fui capaz. Esa clase de dolor que nunca terminas de superar, que de alguna manera te deja anclada en el pasado y, que sin darte cuenta, ha moldeado la persona que eres ahora, para bien o para mal. Hace unas pocas semanas sentí un pequeño ramalazo de ese dolor que enterré cuando todavía era prácticamente una cría, curiosamente, tan pequeña e inocente como lo es Sara cuando llega ese último verano con Alex y Vera en el lago. Ese pequeño ramalazo, a pesar del paso de los años, dolió y me amargó varios días, hasta que Mr. Brandon me dijo unas palabras tan parecidas a las que Alex le dice a Sara, que al leerlas ha sido imposible no llorar. Esa clase de palabras directas, incluso duras, que solo pueden decirte las personas que realmente te quieren. Me ha resultado demasiado fácil entender a Sara, me ha resultado demasiado sencillo ponerme en su piel, aunque nuestra pena sea totalmente distinta. Sara, pequeña Sara, si fuera técnicamente posible, traspasaría las páginas del libro para darte un abrazo. Créeme que lo haría.

Recuerdo que cuando acabé Fuimos un invierno tuve la necesidad de contactar con Neïra, de decirle todo lo que me había hecho sentir con esa historia. El email fue corto, cortísimo y la palabra que más aparecía en él era "gracias". Gracias por Oliva y Mario. Por Daniela y Luca. Hoy solo puedo volver a darle las gracias, esta vez por Sara, Alex y Vera. Por Yago. Gracias, Andrea, por hacerme sentir que la romántica —la romántica buena, de calidad, de la que hace sentir— no está del todo muerta, la llevas tú por bandera.

Gracias también a Lidia, porque leer con ella siempre es un plus, siempre hace más grandes las historias que tenemos entre manos. Me descubre matices o sensaciones que leyendo yo sola, posiblemente, hubiera pasado por alto. Eres la compañera perfecta. Podéis leer su reseña en Cielos de Papel, y es tan, tan bonita, que si yo no os he provocado las ganas de conocer a Sara, Alex y Vera, estoy convencida de que ella sí lo hará.

Para los que habéis llegado a este punto y nunca habéis leído a Neïra, creo que Valiente Vera, pequeña Sara es la historia ideal para empezar. Es cortita, es dulce, es intensa y es sentida. 3, 2, 1...¡Saltad, valientes! No os arrepentiréis.



OTRAS RESEÑAS DE NEÏRA

Serie Mario y Oliva (La lista de Oliva + La lista de Mario)
→ Fuimos un invierno (Daniela #1)
→ Fuiste mi verano (Daniela #2)

22 febrero 2017

EL MAPA DE MI PIEL, de María Montesinos


Tenía ganas de seguir descubriendo a María Montesinos después de haber leído La estúpida idea de dejarte marchar, pero no lo he hecho hasta ahora por el tema que trataba esta novela: el cáncer de mama. Reconozco que me tiraba para atrás, no quería leer sobre ello, porque creo que es inevitable sentir miedo, más cuando a nuestro alrededor hay alguien que ha padecido esta enfermedad y ha perdido la batalla.

Lidia me animó y la leímos juntas. Sólo había leído un par de capítulos cuando saltó la noticia del fallecimiento de Bimba Bosé y me costó volver a coger el libro. No podía dejar de pensar "vaya día para ponerme a leer esta historia". Pero lo hice y ahora veo que era necesario, la historia de Celia es necesaria. Porque María no se recrea en la tristeza, en el dolor o en el drama como podría haber hecho, todo lo contrario. El mapa de mi piel es un canto a la esperanza, a la vida y a las ganas de disfrutar de la misma al máximo. El tema está tratado con delicadeza, con mimo, con el cuidado que solo puede poner en sus palabras alguien que ha sentido esta enfermedad muy de cerca.

Celia es una superviviente. Una guerrera que siente su cicatriz como una batalla ganada, aunque por el camino haya perdido, además de su pecho izquierdo, muchas otras cosas: su mejor amiga, su relación con Mario, su trabajo... Pero ahora tiene en sus manos un nuevo comienzo, una nueva vida, una nueva ilusión. Una oportunidad para ser feliz. Para VIVIR. Y esa nueva etapa es justamente lo que María nos cuenta en El mapa de mi piel. La vida de Celia un año después del diagnostico y de la operación. Sus pensamientos, su recuperación, sus ganas de seguir adelante y de luchar.

Nunca sabemos lo que ocurrirá mañana. Esa incertidumbre nos acompaña desde el día en que nacemos, y sobre todo, desde el día en que somos realmente conscientes de que algún día moriremos, aunque no sepamos cuándo ni cómo. (...) Eso es lo emocionante de la vida, la cajita de Forrest Gump, llena de bombones dulces y amargos, de los que te gustan y los que no, aunque sepas que, al final, vas a tener que comértelos todos. Es mejor así, vivir una vida inesperada, con amores inesperados, carreteras poco transitadas, curvas de agárrate y no te menees, giros de ciento ochenta grados que te obligan a ir despacio, en buena compañía, disfrutando el paisaje, sin importar cuándo llegues. Todos terminamos llegando de una forma u otra.


Podría hablaros mucho más de Celia, de sus miedos, de sus dudas, de esa nueva vida, de Leo, de Nico... ¿Pero sabéis? Creo que en este caso estaría haciendo mal, os estaría descubriendo sentimientos y emociones que debéis sentir en vuestra propia piel junto a Celia, con cada palabra, con cada página de su historia. ¿Sabéis esa sensación que se os queda en el cuerpo cuando sentís que una historia os ha hecho bien? Terminé El mapa de mi piel sintiendo que me había hecho bien su lectura, que no haberla leído dejándome llevar por mi respeto, hubiera sido un error. Leerla con Lidia sólo fue la guinda que le hacía falta a esta lectura, era una compañía que necesitaba para hacer frente a la historia de Celia.


Sé que la banda sonora que suena en la historia de Celia para María Montesinos es La vie en rose versionada por Zaz, pero con su permiso, esta es una de esas veces en las que la historia me pide una canción diferente y quiero que suene la voz de Bimba. Ella, con su lucha, su sonrisa constante y ese optimismo que rezumaba. Tan diferente, tan única. Tan Celia en su misma batalla. Entre caminos, sin esperarlo, siento que le viene como anillo al dedo a la historia de Celia.



OTRAS RESEÑAS DE MARÍA MONTESINOS

La estúpida idea de dejarte marchar

14 febrero 2017

...menos mal que me quemé

Casi me lo pierdo de Primero de Poeta
Patricia Benito


«Estuve a punto de irme.
Casi me pierdo el abrazo prometido.
No era el sitio perfecto.

A veces pienso que es tan difícil...
Que se junten dos personas,
que se rían al mismo tiempo,
que se sientan en el mismo intento,
que se piensen con el mismo vuelco.

A veces creo que es complicado.
Que se encuentren dos ganas,
que se pestañeen sincronizadas,
que se alineen desenredadas,
que se deseen desenfrenadas.

A veces parece imposible.
Que se quieran para después,
que se desmonten siempre al revés
y se desboquen sobre parquet.

A veces lo dudo.
Que se desarmen sin tapujos,
que se acicalen sin orgullo,
que se rescaten sin ningún truco.

A veces, no sé.
Demasiados requisitos para querer.

Estuve a punto de irme.
Casi me lo pierdo.
Menos mal que me quemé».


30 enero 2017

ENERO: Dos años


Enero acaba y Miss Brandon cumple dos años, cosa que hasta hace un par de horas ni siquiera recordaba. Mientras comía no dejaba de darle vueltas a lo que estos dos años han supuesto en mi vida, también pensaba "¿no haberme acordado antes para preparar algo (bonito) será mala señal?". 

Miss Brandon ha sido un ancla a la que agarrarme cuando la tristeza me pegaba bocados, un refugio donde escuchar canciones y un papel en blanco donde vomitar todo lo que sentía leyendo. Un diario de vida, de música y de libros. Echando la vista atrás ganan los buenos momentos a los malos, gana lo que he aprendido desde que estoy aquí, la gente maravillosa que se ha cruzado en mi camino, las buenas historias que he descubierto y esas opiniones compartidas.

He aprendido a escribir mejor y a hacerlo sin miedo, sin filtro, sintiendo cada palabra, dejando una parte de mi en cada entrada. También a leer de una manera más reflexiva, sacando todo el jugo posible a cada historia que ha pasado por mis manos. Y a dejarme llevar, leer en cada momento lo que me hiciera sentir plena, lo que me pidiera el cuerpo, obviando listas interminables y propósitos sin sustancia. Me he empapado de recomendaciones y consejos, y he compartido cicatrices y recuerdos. He capeado temporales sin sentido y he limpiado la mierda que me ha salpicado. 

Si Miss Brandon hoy sigue existiendo tengo muy claro que es, principalmente, por gente cómo Ani, Lidia, Elena, Carol y María Ángeles. Ellas, con sus blogs —¡Elena, hazte un blog!—, con sus palabras y con su sencillez, me han demostrado que hay un pequeño universo paralelo, quizá no tan glamuroso y brillante, pero tan lleno de verdad que deslumbra si no estás ciega. Sois la inspiración que hace falta para seguir al timón y no dejar que esto se hunda.

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23 enero 2017

NADA SE OPONE A LA NOCHE, de Delphine de Vigan


Escribo de Lucile con mis ojos de niña que creció demasiado deprisa, escribo ese misterio que siempre fue ella para mí, a la vez tan presente y tan lejana, ella, que, desde que cumplí diez años, nunca más me cogió en brazos...


Recuerdo la primera vez que vi la portada de Nada se opone a la noche, fue en septiembre del 2012 y acababa de salir a la venta. ¿No hay portadas que por algún motivo os llaman irremediablemente la atención? A mi me la llamó esa fotografía en blanco y negro, de una mujer joven, rubia, bonita, con un cigarrillo en la mano. Apunté el título en una de esas listas que hacía en libretas medio gastadas. Y reconozco que con los años me olvidé un poco de él. Y de las listas, y de las libretas...

En septiembre del año pasado volvía a ver de actualidad ese nombre: Delphine de Vigan. Una nueva novela en español, Basada en hechos reales, y recordé a aquella mujer rubia de la portada de Nada se opone a la noche. Quiero pensar que fue una de esas señales, o una tabla flotando que llegaba para salvar Miss Brandon de un naufragio casi anunciado. Los que me seguís habitualmente sabéis de mi desgaste, de lo cansada que estaba de leer historias que no me decían nada, de lo triste que me ponía —y me pone— sentir que la romántica cada día está más vacía —con excepciones, claro—, de la crisis lectora que estaba arrastrando desde los primeros días del año. Necesitaba algo diferente y en plena ola siberiana, una tarde volví a casa con tres libros de la biblioteca. Uno de ellos era Nada se opone a la noche.

Empecé su lectura con miedo, lo confieso, miedo de no saber digerir la historia de Lucile. Una historia llena de tragedia, de dolor, de excesos, de enfermedad. Lucile, la hija, la hermana, la mujer, la madre. La madre de Delphine de Vigan, la autora del libro. La que encuentra el cuerpo sin vida de Lucile una fría mañana de enero y decide reconstruir su historia —recopilar fotos, diarios personales, recortes de periódicos, cintas de casette de su abuelo Georges, vacaciones familiares grabadas en súper 8—, quizá queriendo saber, o aún sabiendo, queriendo entender qué fue lo que desencadenó todo lo que vino después. Porque Delphine sabía desde niña que su madre no estaba bien, y que quizá, algún día no la pudieran salvar.


Me gustaría ser capaz de escribir lo que le pasó a Lucile, minuto a minuto, encontrar el momento exacto en el que descarriló, examinar el fenómeno con microscopio, descubrir el misterio, la química.
Me parece tan tremendamente doloroso y valiente escribir un libro como el que ha escrito Delphine, sobre su familia, su madre, su propia historia. Hay retazos del libro dónde toma aliento para seguir adelante. Nos cuenta como entrevistaba a sus tíos —los hermanos de su madre—, como reabría viejas heridas, y sin pretenderlo, quizá les estuviera haciendo daño al recordar pasajes que marcaron tanto su infancia y su juventud. El mismo dolor que ella siente con cada pieza que encaja en el puzle de Lucile. Porque lo que Delphine conocía de su madre era una mínima parte de lo que fue Lucile Poirier, de su vida, de su vacío, de ese mundo interior al que nadie parecía tener acceso. Y lo sientes, sientes ese dolor junto a Delphine mientras teclea, mientras descubre, mientras rememora su infancia y la de su hermana Manon. Porque la vida con Lucile no fue fácil de llevar, y menos, para unas niñas.


Si tuviera que definir Nada se opone a la noche con una palabra sería BRUTAL. Es uno de los libros que más poso me han dejado en toda mi vida lectora. Es un libro duro, sí, de los que duelen, de los que rompen, de los que laceran, de los que sientes en carne viva, pero merece la pena su lectura, merece la pena descubrir la maravillosa pluma de Delphine de Vigan y la sobrecogedora vida de su madre. Merece la pena conocer la historia de esta familia marcada por la tragedia y que se te empañen los ojos poniéndote en el pellejo de Delphine tras las teclas. Yo, sin duda, sé que seguiré leyéndola, porque he conectado de una manera especial con esta autora. Siento que muchas de sus palabras han puesto tiritas a algunas de mis heridas.

Llegados hasta este punto sólo puedo añadir que quiero leer absolutamente todo lo que hay publicado en español de esta autora francesa. Todo. Delphine de Vigan, me encantas, me dueles. Me has salvado.

Lucile se convirtió en esa mujer frágil, de belleza singular, divertida, silenciosa, a menudo subversiva, que durante mucho tiempo se mantuvo al borde del abismo, sin apartarlo completamente de su vista, esa mujer deseada, que suscitó pasiones; esa mujer fracturada, herida, humillada, que perdió todo en un día... (...) esa mujer inconsolable, culpable a perpetuidad, encerrada en su soledad.

Versión de Osez Joséphine de Alain Bashung y Jean Fauque.
Canción que acompañó a Delphine de Vigan en la escritura de Nada se opone a la noche, y de la cuál sacó el título: Rien ne s'oppose à la nuit.

22 enero 2017

Y llegaron los Reyes Magos...

Empecé enero arrastrando una maleta llena de abrazos y besos, pero también de decepción, dolor y desilusión. Y volví a sentirme pequeña, pequeña y cansada, con la sensación de que esta vez sí, había llegado la gota que colmara el vaso. Ningún corazón puede soportar tantos remiendos, por muy bien que cosas sonrisas en la cara.

Sólo tuvieron que pasar tres días desde mi vuelta a Villa Brandon, para que una vez más, un mes de enero me demostrara que la vida es impredecible, que hoy estás aquí y mañana ya no. Y da igual lo bien que te sientas, los planes que hagas y lo joven que seas. Somos más frágiles de lo que pensamos, aunque a veces nos sintamos invencibles.

Los Reyes Magos llegaron, aunque en sus sacos trajeran otra pérdida. Y entre incredulidad y tristeza, nos llenaron de letras: Instrumental: Memorias de música, medicina y locura de James Rhodes, The time of my life de Hadley Freeman y El silencio de la ciudad blanca de Eva García Saénz de Urturi.

Entre unas cosas y otras, perdí un poco las ganas de leer, de compartir y de escribir. Dejó de llenarme lo que un día me hizo ilusión. No tenía nada de ver con lo que quería, con lo que imaginaba, había perdido el impulso. Siempre he pensado que cuando no tienes algo que decir, es mejor no llenar el silencio con chorradas. Y disfrutando de ese silencio empecé a pintar las paredes de azul cielo y a poner de capitana del barco a la chica tormenta. Quizá no fuera tan guapa y estilosa como su antecesora —que era todo luz y calidez—, pero tormenta me transmitía fuerza, tenacidad y ganas. Siguiendo su estela, empecé a caminar sin hacer caso del ruido, pensando que quizá sí faltaban muchas cosas por decir, mucho por escribir. Desempolvé una lista de libros pendientes que ya ni recordaba que había escrito años atrás, y recorrí las estanterías de la biblioteca de la ciudad con una emoción que creía perdida. Delphine de Vigan hizo el resto. Volvieron mis ganas de leer, y sobre todo, de disfrutar leyendo. Me salvó de una crisis que empezaba a parecerme eterna. El resto, como se suele decir, es historia.

Y aquí empieza la versión 3.0 de Miss Brandon, quizá algo diferente, pero con el mismo corazón detrás de las teclas. Palabrita.



*La frase en cursiva es un fragmento de Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan

06 enero 2017

A LA DE TRES: TE QUIERO, de Cherry Chic

ROMÁNTICA CONTEMPORÁNEA
A LA DE TRES: TE QUIERO — Sin mar #1


Los dos son felices, los dos tienen buenas familias y los dos van por la vida 

pensando que no necesitan el amor para sentirse completos.  

Los dos van a darse un batacazo importante...


Cuando hace tres meses descubrí por casualidad Mi canción más bonita, tuve claro que detrás de la historia de Daniela y Oliver había alguien que tenía talento. Y esto podría ser una tontería, pero no lo es, porque hoy en día parece que cualquiera puede escribir una novela romántica y no, no es así. Cherry Chic me convenció, pero no soy una persona que se fíe de las primeras impresiones, así que estaba deseando leer algo más suyo para cerciorarme de que realmente no estaba equivocada.

Entonces llegó a mi manos A la de tres: ¡Te quiero!, quizá fue cosa del destino, o una señal, ¿quién sabe? La cuestión es que no estaba pasando por un buen momento, sólo me hacía sonreír mi 'quitapenas' Luca y la llamada diaria que hago a casa. Hasta que llegó Julieta. Julieta, tan efusiva, tan charlatana, tan vivaracha, tan extravagante. Julieta, la que no cree en el amor hasta que se cruza con Diego. Diego, al que no le gustan la salidas de tono, ni llamar la atención. Tan diferente a Julieta, excepto en un punto, él tampoco cree en esa clase de amor que rompe todos tus esquemas, hasta que se cruza con Julieta.

Julieta y Diego se caen fatal desde el primer momento, aunque claro, su primer encuentro es... digamos que diferente. Y parece que están destinados a encontrarse continuamente, para su desgracia. Pero cómo se suele decir, los polos opuestos se atraen, ¡y de qué manera! Y el odio poco a poco se irá convirtiendo en otra clase de sentimientos que no saben cómo manejar, y que no quieren manejar de ninguna manera. Diego lo tiene claro, es imposible que se esté enamorando de esa cabra loca con incontinencia verbal, que usa los calcetines dispares y que trabaja como zombie en la Casa del terror del parque de atracciones. Y Julieta lo sabe, sabe que no es la clase de mujer que estará en el futuro de Diego, porque tiene asumido que a veces resulta cargante y que no la logran entender, porque quizá es... demasiado.


Cómo ya pasó en Mi canción más bonita las familias de los protagonistas son muy importantes en la trama. En aquella historia me quedé prendada de los hermanos de Daniela, y esta vez, lo he hecho de los de Julieta. Porque ¡son cuatrillizos! Cada uno totalmente diferente y me lo han hecho pasar pipa. Alex, Esme, Amelia y Julieta me han hecho reír cuando más falta me hacía, y eso es impagable. Ya sólo con el Prólogo tenía la sonrisa en los labios. Pero Julieta se ha llevado la palma, me ha hecho reír a carcajada limpia con sus salidas de tiesto, los piques con sus hermanos y sus rifirrafes con Diego. Porque Julieta es diferente, eso ha quedado más que claro, y justamente eso, es parte de su encanto. Ese encanto que rompe todos los esquemas de Diego.

Llevo toda la vida esperando que llegue la gente perfecta, los sentimientos perfectos y, en definitiva, la vida perfecta. Y todo para acabar descubriendo que la perfección no existe, o sí, pero viste calcetines dispares, se disfraza de cualquier chorrada, se ríe como un cerdito y tiene el culo tatuado con la imagen de la portada de una peli de Tim Burton, entre otras muchas cosas. Y es que al final, no hay nada más perfecto que el sentimiento de ser feliz con lo que uno tiene.
Ya sabéis que el chick-lit o historias de ese tipo no me van demasiado, siempre leo otra clase de historias y las que más me llegan al corazón son las sentidas, pero A la de tres: ¡Te quiero! ha sido especial, me ha dado lo que necesitaba en el momento que cayó en mis manos y creo que eso, al fin y al cabo, es lo importante. Necesitaba reír, necesitaba dejar de pensar, necesitaba evadirme... necesitaba a Julieta. Así que llegados a este punto sólo puedo decir: Gracias, Cherry, gracias por Julieta. Gracias por esa chica que me descolocó en un primer momento, pero que al final he acabado adorando. Estoy deseando reencontrarme con ella en las siguientes entregas de Sin mar.

Quería terminar la reseña con una canción divertida, una canción que fuera muy Julieta, y la vez, reflejara a la perfección su historia con Diego. Una canción que hablara del amor de verdad, de ese que no es de color de rosa, del real, del que duele. Del que te llena el corazón hasta reventar y aunque midas metro y medio te hace sentir grande e invencible. El amor por el cual merece la pena dejarse la piel. El amor de tu vida.



OTRAS RESEÑAS DE CHERRY CHIC

Mi canción más bonita
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