En carne viva


Llega diciembre y empiezo a poner en una balanza lo bueno y lo malo de estos meses. Hace unos días empecé a pensar en mi entrada del 31 de diciembre siguiendo el modelo de la que escribí el año pasado. Ya tenía la cabecera, ya sabía lo que quería contar y... esta mañana, fregando los platos mi cabeza ha ido por libre y sin quererlo, ni esperarlo, mentalmente ha empezado a escribir esta entrada. ¿No os pasa a veces? A mí antes me pasaba mucho, ¿recordáis mis entradas mensuales? Todas llegaban a mí de esa manera, espontáneamente, mientras hacía cualquier cosa y para no olvidarme de alguna frase la apuntaba en las Notas del móvil, o en la lista de la compra, o en la pizarra que tenemos en el frigorífico... cualquier sitio era bueno. Ahora ya no me pasa, ya sabéis que este año no ha sido bueno blogueramente hablando. He estado de capa caída, me quedé sin nada que decir, mi inspiración se perdió entre la mierda y la porquería, he sentido día tras día que ya no tenía chispa. Por eso esta mañana cuando me ha venido a la cabeza lo que quería contaros en esta entrada, me he dicho "Mónica, esta tarde enciendes el portátil y escribes, da igual el resultado final. Escribe y punto". Y aquí estoy.

Si miro atrás siento que ha sido un año de aceptación...

He sido de las que siempre se ha guiado más por el corazón que por la cabeza y con los años me he dado cuenta de que no es bueno. Sufres más y básicamente quedas como una gilipollas la mayor parte del tiempo. Y empiezo hablando de mi corazón porque últimamente he pensado mucho en ello, he pensado mucho en la gente que se ha quedado por el camino. Me ha costado aceptar que hay gente que está en nuestra vida solo de paso. Antes pensaba que querer a alguien era sinónimo de tenerle siempre contigo. Era una visión ilusa de la vida, lo sé, pero no concibo esa forma de querer a ratos. Sufrí mucho por ello al darme cuenta que gente a la que quería con todo mi corazón me dejaba por el camino sin pestañear. Puede parecer una absurdez pero al cumplir los treinta cambié el chip y empecé a dejar yo por el camino a quién sólo hacía que restarme, que hacerme daño, pero aún así es imposible no decepcionarte y este año me he llevado otra de las grandes, de las que duelen, de las que sangran. De las que se quedan ahí recordándote lo idiota que has sido. Pensaba que estaba curtida, pero a principios de verano llegó N y me dio otra estocada. Y dolió igual o más que la primera vez. Y volví a sentir miedo, miedo a querer, miedo a abrirme, miedo a entregarme. Miedo a que un día me den la estocada final y mi corazón se vuelva frío.

Empecé el año con unos pantalones que a día de hoy no me pasan de las caderas, otra aceptación más. Aceptar que peso diez kilos más que hace sólo dos años cuando me calzaba las zapatillas y salía a correr cada tarde con mi padrastro. La mayoría engordados en pocos meses. Puede parecer una gilipollez superficial esto que os cuento, pero el verdadero problema no es el peso, el problema es que no me sentía yo misma, era algo más de interior que de exterior, algo mucho más profundo. La ropa que iba desechando del armario porque me quedaba estrecha, mal o simplemente no me abrochaba, era solo una prueba del cambio. No ha sido fácil aceptar que el tiempo pasa y las cosas cambian. Ya ni siquiera me hacen sonreír las mismas cosas.

A principios de año también decidí no centrarme tanto en leer novela romántica y eso me ha hecho descubrir libros de esos que apuntas en la lista de Libros de tu vida. Como Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan, que me hizo reconciliarme de alguna manera con una parte dolorosa de mi vida, fue catártico leerla, siento que hasta se me iluminaron los ojos de comprensión, necesitaba a alguien que me dijera "No estás sola y no eres un bicho raro. Yo también me he sentido así y te entiendo" y ahí estaba Delphine, susurrándome su dolor, su pena, su vida en 376 páginas desgarradoras e intensas. Gracias a ella acepté que las cosas son así, que no merece la pena llorar más, porque no cambiarán nunca. Luego llegó Rosa Montero con La ridícula idea de no volver a verte y fue como un bálsamo, lo terminé con la certeza de que a lo largo de mi vida recurriría a él más veces para sanar mi corazón. Para hacer frente al duelo. Es duro aceptar que la gente te deje en el camino, pero cuando es involuntariamente lo es más. Y por último, apareció El corazón helado de Almudena Grandes dándome algo que necesitaba mucho, acercarme a mi bisabuelo. Me hizo abrir mi mente y pensar que nunca conoceré sus circunstancias, que nunca sabré por qué tomó aquellas decisiones, que nunca sabré por qué se marchó y que lo único que tengo entre las manos es una parte de su vida en pedazos de papel. Sólo una pequeña parte de su vida. Él fue mucho más que eso, muchísimo más y hasta que no leí la novela de Almudena no lo comprendí, no lo acepté. Estaba cegada pensando en lo que no me gustaba, en lo que yo hubiera hecho en su lugar y fui injusta. Muy injusta. Y lo siento en el alma. Yo no estaba allí, yo nací casi setenta años después que él, yo no viví aquellos años duros e inciertos, yo ni siquiera había nacido cuando terminó la dictadura. Yo no sé nada. Lo único que sé y tengo claro es que seguiré buscándole. Seguiré buscándote. *Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. 

Este año también ha llegado el momento de arrepentirme un poco de estar lejos de casa. Cuando hice las maletas fue con muchos miedos a cuestas y uno de los que más peso tenían era el de no estar cuando a alguno de los míos le pasara algo. Y ese momento llegó demasiado pronto y el tren no fue lo suficientemente rápido para aliviar mi angustia. Por primera vez fui consciente de que la vida allí seguía sin mí y no me gustó sentirlo, no me gustó verlo y eso hizo que volviera a Villa Brandon triste, preocupada y un poco vacía. Y sí, por mi mente pasó como un flechazo el volver a casa. Vuelvo a ser injusta, me temo.

2017 ha sido un año tranquilo, plácido, sin grandes sobresaltos. Un año que ha pasado rápido y casi sin saborearlo, es lo único que me da pena, sentir que ha pasado en un suspiro y no lo he disfrutado plenamente, no al menos como me hubiera gustado. Ha sido un año en el que he pensado mucho, sobre todo, en el pasado, en las decisiones que tomé o tomaron por mí, en todo lo que perdí y en lo que ya no recuperaré.



*Fragmento de Elegía de Miguel Hernández, que también aparece en El corazón helado de Almudena Grandes.

Y te sigo por el aire como una brizna de hierba...


Tengo 32 años (vamos a contar 33 porque me queda un suspiro) y hasta hace unos días no había leído a Federico García Lorca. Podría echarle la culpa a la porquería de sistema educativo que tenemos, y no me faltaría razón, porque de Lorca dimos un par de pinceladas, prácticamente de pasada y nunca leímos nada suyo. Ni poesía, ni teatro. Nada. Más grave me parece que tuve una asignatura de Teatro durante un curso entero y tres cuartos de lo mismo. Pero no, hoy la culpa me la voy a echar yo misma por no haber leído nada suyo antes, cuando la lectura empezó a ser un placer, una vía de escape y un refugio. 

Mi abuelo es almeriense y hubo una época que cada año íbamos a visitar a la familia. Las raíces de F, mi bisabuelo. A mí siempre me ha encantado ir, además de porque me parece una tierra preciosa, porque soy una sentimentaloide de tomo y lomo, y siempre me ha emocionado pensar que estaba pisando las mismas calles, oliendo el mismo mar y disfrutando del mismo sol que en su día hizo F. En esos viajes anuales a Almería hicimos alguna escapada a Granada, a ver la Alhambra, a conocer la ciudad... y por avatares del destino acabamos comiendo en un restaurante con nombre La ruta de Lorca. No sé por qué en ese momento no busqué como loca algún libro de Lorca, no lo sé. Lo tenía ahí, como una señal luminosa dejándome cegata. La ruta de Lorca, Alfacar, Granada. Recuerdo que mi abuelo se quedó con el nombre y dos años más tarde, viajando a Málaga, volvimos a comer allí. Pero lo dejé pasar. Posiblemente si en ese momento le hubiera preguntado a mi abuelo "¿Has leído a Lorca?", él me hubiera dado alas y ganas para comprarme un libro suyo en la primera librería del camino. Escucharle siempre tiene ese efecto en mí, esas ansias de saber, de ser una esponja y empaparme de todo lo que sabe. Pero no lo hice, lo dejé pasar.

Hace unos días me compré un par de libros de Ian Gibson y en los dos aparece Lorca, fue pura casualidad y curiosidad, solo tenía en mente coger uno. Esto fue el sábado y el domingo en la tele emitieron La novia, película basada en Bodas de sangre de Lorca. Una amiga me ha enseñado a creer en las señales y esto es una como la copa de un pino.

La película me pareció bellísima, cierto que es una interpretación libre de la obra de Lorca, pero tiene todos sus ingredientes. Esa pasión, esa intensidad, ese paisaje rural, esa luna resplandeciente testigo de tanto. Incluso diálogos calcados de la obra. La manera de contar la historia es visualmente preciosa, cada gesto y cada mirada dice tantísimo... Supe en el momento de terminar de verla que tenía que leer Bodas de sangre, era totalmente necesario y me encontré pura poesía. No sé que esperaba exactamente encontrar, pero os digo que ni coña algo tan bello. No lo puedo calificar de otra manera. Que manera tan bonita, profunda y sentida de usar las palabras, de dar voz a los personajes, ese amor, ese desgarro, ese dolor. Estoy profundamente maravillada, antes me gustaba mucho el teatro, sobre todo los clásicos griegos, pero esto... esto es otra cosa y es nuestro. Debe ser una auténtica gozada tener la oportunidad de verla representada, de disfrutarla en vivo y en directo, de sentir los pelos de punta de la emoción. Me lo apunto en mi lista de cosas que hacer alguna vez en la vida: ver una obra de Lorca.

"(...) y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba."

Llevo unos días pensando en las cosas tan maravillosas y grandes que nos hubiera regalado Federico García Lorca si no le hubieran arrebatado la vida de esa manera tan injusta e inhumana (como a tantos otros). ¿No creéis? Cuánta poesía se perdió en el camino de Víznar a Alfacar una madrugada de agosto de 1936. Qué tristeza más grande. Qué tristeza.

EL DAÑO por Rupi Kaur


es tu sangre
la que corre por mis venas
dime cómo se supone
que voy a olvidar

iba a ser
el primer hombre al que amaras en tu vida
todavía lo buscas
por todas partes


cada vez que
le hablas a tu hija
que le gritas
sin amor
le enseñas a confundir
la rabia con la amabilidad
lo que parece una buena idea
hasta que crece y
confía en hombres que le hacen daño
porque se parecen demasiado
a ti


la destripa
con los dedos
como si arañara
el interior
de un melón vacío


no sé si mi madre está
asustada o enamorada
de mi padre
todo me parece lo mismo


hay tristeza
viviendo en partes de ti
en las que la tristeza no debería vivir



→ Fragmentos de Otras maneras de usar la boca de Rupi Kaur

Ojos que no ven, corazón que no siente + #LeoAutorasOct

El viernes cerré un capítulo. Di un paso más para alejarme de lo que no me gusta, de lo que no me representa y de lo que me asquea del mundo blogger romántico. En el fondo sentí un poco de pena, no por poner distancia, sino porque fue evidente una vez más que lo que hice en su momento no ha sido valorado, todo lo contrario, a la larga ha sido ninguneado y, para colmo, se han beneficiado otras personas. Así que perdonadme si ahora mismo no tengo ningunas ganas de reseñar ni una sola novela romántica más. Es tanta la decepción que siento dentro, me han dolido tanto ciertas cosas... que la única salida posible era coger definitivamente otro camino. Un camino más solitario, lo sé, pero mucho más gratificante. ¿Sabéis lo peor? Que sé que hay varias personas que piensan exactamente igual y siguen formando parte de esa pantomima. También hay un reducido grupo que dice bien claro lo que siente y piensa al respecto, aunque no sirva para absolutamente nada —yo ya lo tengo asumido—, aunque las señalen con el dedo. Pero levantan la voz, no se achantan e intentan poner su granito de arena para que las cosas cambien. 

Gracias Lidia, por no saber callarte, por decir bien alto lo que muchas pensamos, por enseñarme tanto de la vida. Gracias Anita, por ser mi maestra Jedi, por hacerme ver que había un camino paralelo mucho más luminoso que el que yo seguía. Gracias Cris, por tu sensatez, por dejarme un asiento a tu lado para ver los toros desde la barrera y por compartir esa bolsa de palomitas conmigo. Gracias a las tres por darme alas cuando pienso que ya no puedo volar, que ya no merece la pena hacerlo.


No he visto mejor manera de seguir mi camino con ilusión que unirme a la iniciativa #LeoAutorasOct. Una iniciativa que empezó a funcionar el año pasado con el fin de dar visibilidad a escritoras. Tengo tantos pendientes que no sabía que libros elegir, al final he escogido estos seis títulos: Tres autoras españolas y tres extranjeras. No creo que pueda leerlos todos durante el mes de octubre, pero sí me gustaría hacerlo antes de que termine el año y contaros que me han parecido, al menos lo que me dejen huella, que estoy segura que habrá más de uno.